CARTAS A DULCINEA
Lunes, 9 de febrero de 2026

La parcialidad representa una de las distorsiones más profundas de la integridad humana, pues actúa como una venda autoimpuesta que nos impide reconocer la verdad objetiva en favor de nuestros propios intereses, prejuicios o afectos. Cuando una persona actúa con parcialidad, rompe el principio fundamental de la justicia —la equidad—, inclinando la balanza de manera arbitraria y vulnerando los derechos de quienes no forman parte de su círculo de preferencia. Este antivalor no solo se manifiesta en los tribunales o en las instituciones, sino que se filtra insidiosamente en nuestra vida cotidiana a través del favoritismo, el nepotismo y la incapacidad de juzgar los hechos por su valor real. Al ser parciales, nos convertimos en esclavos de nuestras simpatías o conveniencias, sacrificando la honestidad intelectual por una lealtad ciega o un beneficio inmediato. Esta actitud fractura la confianza en las comunidades, ya que genera resentimiento y desmoraliza a quienes se esfuerzan bajo la premisa de la igualdad de oportunidades. Superar la parcialidad requiere un ejercicio constante de introspección y valentía, pues implica estar dispuestos a dar la razón a quien no nos agrada o a reconocer un error en quienes amamos. En última instancia, la parcialidad nos deshumaniza porque nos encierra en una burbuja de conveniencia, impidiéndonos practicar esa «atención pura» y equilibrada que es necesaria para comprender el mundo tal como es y no solo como nos gustaría que fuera para nuestro propio provecho.
Fíjate como esto se descubre en el siguiente cuentecillo…
En un valle custodiado por montañas de cristal, vivía un anciano juez llamado Arístides, cuya fama de sabio atraía a viajeros de tierras lejanas. Arístides poseía una balanza de oro que, según decían, nunca se equivocaba. Sin embargo, el anciano tenía un punto débil: su jardín de rosas, al que dedicaba cada minuto de su tiempo libre. Un día, se presentaron ante él dos campesinos. El primero, un joven humilde que cargaba un saco de semillas; el segundo, el hombre que le suministraba al juez el abono especial para sus amadas rosas. El joven acusaba al proveedor de haber invadido sus tierras y destruido parte de su cosecha. Durante el juicio, Arístides, temiendo que si fallaba en contra del proveedor este dejara de venderle el abono para su jardín, ignoró las pruebas evidentes del joven y dictó sentencia a favor de su conocido. En ese instante, la balanza de oro se tornó de plomo y se quebró en mil pedazos, mientras que las rosas del jardín del juez se marchitaron al unísono, convirtiéndose en ceniza negra. Arístides comprendió entonces que, al inclinar la justicia por su propio interés, había destruido la belleza que tanto intentaba proteger.
¿Y cual es la moraleja que podemos sacar de todo eso? Pues que la parcialidad, el «favoritismo», es un cristal que distorsiona la verdad; quien juzga por favor o conveniencia, termina perdiendo la paz y la integridad que ninguna ventaja personal puede devolver.
Y cuanto esa PARCIALIDAD, ese FAVORISTISMO INJUSTO tiene lugar desde el mundo de la politica, cuando el PODER es parcial, la imjusticia se manifietsta mucho mas y crea muchisimo malestar social y de eso tenemos buen ejemplo en la España de hoy, en el injustisimo «sanchismo» que favorece a los incondicionakes suyos y perjudica a quienes le hacen frente o, simplemente, n les apoya, nom les seguimos el juego…y tenemos un ejemplo muy doloroso, el de los OKUPAS, a quienes el Gobierno de Sánchez favorece en todo lo que puede, a costa de los legítimos propietarios que s ehan preocupado pro AHORRAR para poder comprarse una propiedad que, en muchas ocasiones, es un complemento IMPRESCINDIBLE para su jubilación.
Hoy han cesado las lluvias que, sin embargo, sin han caido durante la madrugada, pero el viento arrecia y hace del dia de los mas desapacible… hoy, despues de varios dias sin poder hacerlo, he vuelto a salir a caminar y doy fe de lo molestísimo de ese viento que hoy nos azota… pero es lo que hay y no podemos elegir…ahí si que no caben los favoristismo..¡afortunadamente!. Feliz velada de lunes y feliz semana, querida Dulcinea.


