CARTAS A DULCINEA
Sábado, 11 de abril de 2026

En el vibrante corazón de Andalucía, donde las palabras vuelan tan rápido como las piernas en una romería, destaca la expresión «correr más que el tío de la lista». Esta frase, cargada de historia y picardía sureña, se usa para describir a quien se mueve a velocidad vertiginosa, dejando atrás a todos como un rayo en las sierras jienenses o malagueñas.
Su origen se remonta al siglo XIX y principios del XX, época dorada de la Lotería Nacional en España. Entonces, el anuncio de los números premiados no llegaba por radio ni pantallas digitales, sino a través de un periódico efímero llamado «La Lista», impreso a toda prisa en la administración principal de Madrid, usualmente en Puerta del Sol. Unos jóvenes veloces, conocidos popularmente como «los tíos de la lista», recibían decenas de ejemplares calientes de la imprenta y salían disparados en todas direcciones.
Estos mensajeros, atléticos y astutos, corrían por las calles empedradas, sorteando carros de caballos, transeúntes curiosos y el bullicio citadino para entregar las listas a administraciones de lotería, bares y plazas públicas. En Málaga, Sevilla o Jaén, la gente se agolpaba aguardando la noticia de si su décimo era el afortunado. El primero en llegar gritaba los números, desatando abrazos, llantos de alegría o suspiros de decepción. ¡Imaginad la escena un 22 de diciembre, Día de la Lotería de Navidad: el aire cargado de expectación, y de repente, un «tío de la lista» irrumpiendo jadeante, con la hoja arrugada en la mano!
No era solo un trabajo; era una carrera contrarreloj donde la fama y unas propinas generosas premiaban al más veloz. Algunos se convertían en leyendas locales, entrenados para zigzaguear por callejones estrechos y subir cuestas imposibles sin perder el aliento. En Córdoba o Granada, contaban historias de «tíos» que cubrían kilómetros en minutos, desafiando al tiempo mismo. Esta tradición, que duró hasta los años 50 cuando la radio la eclipsó, dejó huella imborrable en el imaginario popular andaluz.
Hoy, en 2026, la expresión sobrevive intacta en conversaciones cotidianas. La oímos en fiestas patronales de Huelma, donde un chaval persiguiendo una pelota «corre más que el tío de la lista»; en carreras populares de Jaén, animando a runners que baten récords; o en el día a día, cuando alguien llega tarde al trabajo y su compañero bromea: «¡Llegaste más rápido que el tío de la lista con el Gordo!». Es un testimonio vivo del ingenio lingüístico andaluz, que transforma anécdotas históricas en modismos eternos.
Esta frase no solo evoca velocidad, sino el espíritu festivo de la lotería, esa ilusión colectiva que une barrios enteros. En un mundo acelerado por apps y notificaciones instantáneas, «correr más que el tío de la lista» nos recuerda un tiempo más humano, donde la noticia buena merecía un galope heroico. Así, en las tierras de olivos y sol, las palabras corren libres, inmortales como aquellos mensajeros.
Y terminamos el día este sábado tambien con calima, como se puede ver en mi segunda foto que casi acabo de capturar en la Perla….los coches los tenemos todos de barro que da asco…¡pero es lo que hay! Feliz velada de sábado.


