«Cuando me quejo»

CARTAS A DULCINEA
Domingo, 15 de febrero de 2026

«Hoy, en un autobús, vi una chica con cabello dorado y deseé ser tan rubia como ella. Cuando de pronto se levantó para irse vi que cojeaba por el pasillo. Tenía una sola pierna y usaba muleta, pero cuando pasó, sonreía.
Oh, Dios, perdóname cuando me quejo. Tengo dos piernas, el mundo es mío.

Me detuve para comprar caramelos. El muchacho que los vendía era tan encantador. Conversé con él, parecía tan contento. Si llegaba tarde no me preocupaba. Y mientras me iba, dijo: «Gracias, has sido tan amable. Es estupendo conversar con gente como tú, ¿sabes?. Soy ciego».
Oh, Dios, perdóname cuando me quejo. Tengo dos ojos, el mundo es mío.

Más tarde, cuando iba caminando por la calle, vi un chico de ojos azules. Se paró y miraba a otros jugar. No sabía qué hacer. Me detuve un momento y luego dije: «¿Por qué no te unes a los otros, querido?»
Siguió mirando hacia delante sin decir ni una palabra. Entonces me di cuenta que no podía oír.
Oh, Dios, perdóname cuando me quejo. Tengo dos oídos, el mundo es mío.

Con pies que me llevan a donde quiero ir.
Con ojos para ver el brillo del sol.
Con oídos para oír lo que sé.
Oh, Dios, perdóname cuando me quejo.
En verdad he sido bendecido, el mundo es mío.

¡Esta reflexión es sólo para recordar lo mucho que tenemos que agradecerle a Dios!
Da lo mejor al mundo y lo mejor volverá a ti».
(Web católico de Javier)

Este texto nos enseña que el mundo «es nuestro» no porque lo poseamos materialmente, sino porque tenemos los sentidos y la salud para experimentarlo y es un recordatorio poderoso sobre la perspectiva y la gratitud. A menudo nos obsesionamos en lo que nos falta o en compararnos con los demás basándonos en apariencias superficiales, olvidando la inmensa fortuna de nuestra propia salud y capacidades básicas.

¿Su moraleja? pues que la Gratitud es una cuestión de perspectiva.
La enseñanza central es que la felicidad no depende de tenerlo todo, sino de valorar lo que ya poseemos.
El texto nos invita a…
-Evitar la envidia superficial: Deseamos el «cabello dorado» de otros sin conocer sus batallas internas o físicas.
-Practicar la conciencia plena reconociendo que funciones vitales (ver, oír, caminar) que damos por sentadas son, en realidad, privilegios extraordinarios.
-Cambiar la queja por el agradecimiento… La queja nos ciega ante la abundancia, por lla gratitud nos abre el mundo.

Y en cuanto a las fotos de esta noche que acompañan a mi carta, a última hora he cambiado de decisión… iba a poner dos de mi fototeca pero a las 6 se ha levantado un viento fortísimo, que aún sigue, y desde mi terraza (que el viento me lo ha puesto muy difícil), he tomado estas dos, al atardecer; para mi la segunda espectacular por la forma de esa nube lenticular que parece de película de terror. Feliz velada de domingo.

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