
CARTAS A DULCINEA
Jueves, 19 de marzo de 2026
«Motril , entre el azúcar y la sal»
(Las raíces y las ramas de mi vida… Motril, parte sexta)
El gran cambio de la economía… el fin de la caña y el auge de los cultivos subtropicales…
Tras la posguerra, la industria azucarera motrileña vivió un último periodo de esplendor antes de su colapso definitivo. El sistema de cuotas de la Unión Europea y la irrupción del azúcar de remolacha —mucho más rentable de cultivar en las tierras del interior— sellaron el destino de la caña en la costa granadina.
A partir de los años 70 y 80, Motril protagonizó una de las transformaciones agrarias más exitosas de Europa. La construcción de nuevas infraestructuras de riego permitió llevar agua a tierras situadas a mayor altitud (entre las cotas 50 y 200), donde el clima libre de heladas permitía el cultivo de frutas exóticas.
La chirimoya, el aguacate y el mango se convirtieron en el nuevo motor económico de la ciudad. Este cambio no fue solo botánico, sino social. En 1973, un grupo de agricultores fundó la Cooperativa Granada La Palma, con el objetivo de gestionar de forma colectiva la comercialización y exportación de estos productos, alcanzando niveles de competitividad internacional que hoy sitúan a la zona como líder mundial en producción de chirimoya.
Los principales cultivos en cada época fueron…
Siglos X – XVIII Caña de Azúcar (Preindustrial) , con una estructura feudal-mudéjar y burguesía rentista.
Siglo XIX Caña de Azúcar (Industrial); es cuando surge el proletariado industrial y burguesía financiera.
Siglo XX (1970 hasta Hoy) Frutos Subtropicales con la hegemonía del modelo cooperativo y exportación global.
Siglo XXI La logística y el Turismo Cultural , convirtiéndose en Ciudad de servicios y nexo de unión con el Magreb.
Motril en el Siglo XXI: Logística y Patrimonio
En la actualidad, Motril se define por su doble vertiente como puerto estratégico y guardián de un patrimonio industrial único. El Puerto de Motril se ha consolidado como la principal ventana de la provincia de Granada al mundo, con un crecimiento en el tráfico de mercancías superior al 7% anual en los últimos ejercicios.
Gracias a su agilidad operativa y a su Zona de Actividades Logísticas (ZAL), el puerto funciona como un enlace vital entre Andalucía y el Magreb. No solo es un motor para las exportaciones mineras y agroalimentarias, sino que también ejerce de principal suministrador de pescado fresco para el sureste español a través de su moderna lonja y muelles pesqueros.
Paralelamente al desarrollo logístico, Motril ha apostado por la puesta en valor de su historia. El Museo Preindustrial de la Caña de Azúcar, construido sobre los restos arqueológicos del Ingenio de la Palma del siglo XVI, es una institución pionera en Europa que permite comprender los tres siglos de esplendor productivo preindustrial.
Por otro lado, la rehabilitación de la Fábrica del Pilar busca convertir este monumental complejo del siglo XIX en un centro de investigación y turismo industrial de referencia. Estos espacios no solo preservan maquinaria y edificios, sino que rescatan la memoria de las generaciones de motrileños cuyas vidas estuvieron marcadas por el ritmo de la zafra y el humo de las chimeneas.
Así pues, y concluyendo, la historia de Motril es una lección de supervivencia y reinvención constante. Pocas ciudades han sabido transitar con tanto éxito por cambios de paradigmas tan radicales: desde la sofisticación andalusí hasta la dureza de la frontera pirata; desde el estallido de la revolución del vapor hasta la traumática experiencia de la guerra civil; y finalmente, desde el ocaso de un monocultivo milenario como la caña hasta el éxito global de la agricultura subtropical y la logística portuaria.
La identidad motrileña está forjada en la mezcla de la sal marina, el dulce de la melaza y el sudor del trabajo en la vega. Su futuro, ligado inexorablemente al desarrollo del puerto y a la sostenibilidad de su agricultura, se apoya en una base histórica sólida que ha demostrado que, ante cada crisis, Motril siempre encuentra un nuevo «oro» —ya sea blanco, negro o verde— con el que seguir escribiendo su crónica a orillas del Mediterráneo.
Y hasta aqui el ligero esbozo de lo que fue, es y podría ser nuestra querida tierra Motrileña. Ya mi comentario de la próxima semana tendrá como tema central mi experiencia en Motril como maestro del Colegio Principe Felipe y las amistades que alli forjé y consolidé, aunque les llevo conmigo allá donde el destino me sigue llevando.
Y aunque hoy una de mis fotos deberia estar dedicada al mal estado de la mar en nuestras costas, la dejo para mañana porque hoy quiero que mis dos fotos estén dedicadas como un merecido homenajen a Motril, la primera una alegoría sobre unan de mis fotos y la segunda una foto mia tal cual. Feliz velada de jueves… dia de San José y, comercialmente, «dia del Padre»


