«El privilegio de elegir:…cuando la voluntad disuelve la renuncia»

CARTAS A DULCINEA
Lunes, 16 de marzo de 2026

La palabra renuncia suele evocar una sombra de amargura, el eco de algo que se nos ha arrebatado o de un deseo que hemos tenido que sofocar a la fuerza. Sin embargo, cuando media la libertad plena, el concepto cambia por completo de naturaleza. Si existe una libre elección, lo que a ojos del mundo parece una pérdida es, en realidad, un ejercicio de soberanía personal; es la decisión consciente de soltar lo que es bueno para abrazar lo que consideramos mejor.

Vivir con propósito implica entender que el tiempo y la energía son recursos finitos. Quien elige un camino con convicción no está perdiendo las rutas que deja atrás, sino que está ganando la profundidad de la senda elegida. En este sentido, la renuncia se convierte en un concepto vacío, pues la voluntad no siente el peso de lo que abandona, sino el impulso de lo que persigue. Es la diferencia entre el cautivo que es privado de su libertad y el asceta que elige el silencio: el primero sufre una carencia, el segundo disfruta de una conquista.

La verdadera libertad no consiste en acumular todas las opciones posibles, sino en tener la capacidad de descartar lo accesorio para proteger lo esencial. Cuando una madre se desvela por su hijo o un profesional sacrifica su ocio por un proyecto en el que cree, no hay una renuncia real si su corazón está puesto en el resultado. La libertad de elegir transforma el «tengo que» en un «quiero», y en ese sutil cambio gramatical desaparece el sacrificio y nace la plenitud.

Al final, no somos lo que retenemos, sino lo que somos capaces de elegir con el alma entera. Si hay libertad, no hay resta, sino una simplificación liberadora. Solo cuando elegimos por miedo o por presión externa sentimos el dolor de la pérdida; pero cuando elegimos por amor o por valores, lo que dejamos en la orilla no es una renuncia, sino el lastre necesario para que nuestro barco pueda, por fin, navegar hacia su verdadero destino.

Mira, diciéndolo muy claramente… uno solo puede decir que algo es suyo cuando le ha nacido de dentro hacerlo, sin que nadie le empuje. A veces vamos por la vida como si fuéramos en un autobús donde otros conducen: hacemos lo que dicen los vecinos, lo que manda la costumbre o lo que toca para no quedar mal. Pero todo eso no nos pertenece de verdad, porque no lo hemos «cocinado» nosotros.

La verdadera dueña de su vida es la persona que, aunque se equivoque, puede decir: «Esto lo decidí yo». Cuando eliges con libertad, te haces responsable de lo bueno y de lo malo, y eso es lo que te da autoridad sobre tu propia historia. Si haces las cosas por miedo o porque «así son las cosas», al final sientes que tu vida no es tuya, sino un traje prestado que te queda apretado. En cambio, cuando te plantas y escoges tu camino —aunque sea el más difícil—, ahí es cuando realmente eres el jefe de tu destino. Al final del día, lo único que nos llevamos a la tumba es lo que elegimos de corazón.

Y a cuatro dias ya sólo de la primavera, hoy el dia ha sido casi primaveral, como muestran mis fotos… cielos totalmente limpios de nubes y, eso si, un dia algo fresquito por el viento que soplaba mas bien flojo, de levante, del este. Feliz velada de lunes

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