¿Es natural y lógico que un País defienda la «Prioridad» en derechos de sus habitantes nativos sobre los inmigrantes ilegales?

CARTAS A DULCINEA
Martes, 28 de abril de 2026

La respuesta depende de qué valores pongas en la cima de la jerarquía: la lealtad al grupo (prioridad nativa) o la igualdad universal (derechos compartidos). La mayoría de los países democráticos intentan buscar un equilibrio, garantizando derechos humanos básicos a todos, mientras reservan ciertos privilegios políticos (como el voto o el acceso a ciertos cargos) exclusivamente para sus ciudadanos.
Si el sistema facilita que el inmigrante trabaje legalmente desde el día uno, este paga impuestos que sostienen los servicios de los que disfrutan los nativos. En este escenario, el beneficio es mutuo: el nativo mantiene su estado de bienestar y el inmigrante obtiene una oportunidad de vida. El punto medio aquí es exigir al recién llegado que se adapte a los valores fundamentales del país (idioma, leyes, convivencia), a cambio de que el país le garantice una senda clara y justa hacia la ciudadanía plena.
Incluso con la mejor voluntad, el argumento lógico de quienes defendemos la prioridad nativa suele centrarse en la capacidad de carga. Un hospital tiene un número limitado de camas y una escuela un número limitado de pupitres. La percepción de que los servicios públicos (hospitales, escuelas, atención a mayores, transporte…) están saturados es el principal motor de tensión social, mucho más que la competencia laboral. Mientras que el trabajo suele verse como un intercambio privado, los servicios públicos se perciben como un patrimonio colectivo que el ciudadano ha «pagado» con años de esfuerzo.
Si un hospital tiene una lista de espera de seis meses, el ciudadano nativo siente que cada nueva persona en la fila posterga directamente su derecho a la salud. A diferencia de la macroeconomía, esto se siente en el cuerpo y en el día a día. Un país puede crear 1,000 empleos nuevos en un mes si la economía crece, pero no puede construir un hospital o formar a diez cirujanos en el mismo tiempo. Hay un desfase temporal entre la llegada de población y la expansión de los servicios. Muchos ciudadanos sienten que han aportado al sistema durante décadas para tener una «red de seguridad», y ver que alguien accede a ella sin haber aportado previamente genera una sensación de ruptura del contrato de reciprocidad.

Y es que cuuando la llegada de personas supera la velocidad a la que el Estado puede ampliar sus servicios, surge el conflicto. Por eso, el equilibrio no es solo una cuestión de «bondad», sino de gestión técnica y presupuestaria: ¿cuánto puede absorber el sistema sin degradar la calidad de vida de quienes ya estaban allí?
Muchos expertos sugieren que la solución lógica no es «cerrar la puerta» ni «abrirla de par en par», sino aplicar una cláusula de sostenibilidad: la inmigración debe estar acompasada con la capacidad del Estado para expandir sus servicios básicos. Si el Estado no puede garantizar un médico para el que llega sin quitárselo al que ya está, el sistema entra en quiebra ética.

Cuando el debate deja de ser sobre la logística (¿cuántas camas de hospital tenemos?) y pasa a ser sobre el poder, la lógica cambia radicalmente. Lo que mencionas describe un fenómeno donde la gestión de la inmigración no busca el bienestar común, sino la creación de una base de votantes cautiva. Si un gobierno facilita el acceso a servicios y subsidios a poblaciones vulnerables (incluyendo inmigrantes que obtienen la nacionalidad), crea un vínculo de gratitud y dependencia. El votante siente que su estabilidad depende de que ese partido específico siga en el poder.
El «Gran Reemplazo» Electoral… aunque es un término polémico, en términos técnicos de consultoría política se estudia cómo los cambios en la composición del censo electoral pueden inclinar la balanza en distritos donde el voto tradicional estaba estancado… ¿y acaso en España no se está buscando eso por parte de quienes quieren seguir a toda costa en el poder? Que no me cuenten que les mueve la solidaridad con los mas débiles (los inmigrantes ilegales…NO ME LO CREO.
Si un gobierno prioriza ganar votos rápidos, puede que no le importe saturar un hospital hoy si eso le garantiza una base electoral mañana. El político que toma estas decisiones rara vez usa la sanidad pública o lleva a sus hijos a escuelas saturadas. Por lo tanto, el «costo» de su decisión política lo pagan los ciudadanos (nativos e inmigrantes integrados) que sí dependen de esos servicios.
Si el sistema deja de premiar el esfuerzo y la contribución (el contrato social) para premiar la conveniencia política, el ciudadano nativo deja de confiar en el Estado. Esto suele ser el caldo de cultivo para movimientos populistas que prometen «mano dura», cerrando el ciclo de polarización.

Bueno y todo esto sin tener en cuenta el EFECTO LLAMADA que esto va a ocasionar sobre muchísimos millos mas de inmigrantes que se vana sentir atraídos y vendrán, porque aquí para ellos todo es mas fácil (y no olvidemos el montón de delincuentes que entran entre los honrados, a su abrigo).

Esperando y deseando que algún dia, PRONTO, llegue la cordura y no nos lleven estos gobernantes a la ruina total, que parece que es lo que pretenden, te deseo una feliz velada de este último martes del mes de abril, con mis dos fotos de esta noche.

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