«El mundo» (cuento corto de Eduardo Galeano)

CARTAS A DULCINEA
Miércoles, 3 de junio de 2026

«Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.

A la vuelta contó. Dijo que había contemplado desde arriba, la vida humana.

Y dijo que somos un mar de fueguitos.

—El mundo es eso —reveló— un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende».

Este pequeñísimo relato nos invita a reconocer la belleza y el valor en la singularidad de cada ser humano….tanto que no existen dos iguales. Y aún cuando no todos brillamos con la misma intensidad o de la misma forma, todos tenemos algo único que ofrecer al mundo.

Y es que observar el mundo desde una perspectiva elevada no reduce la importancia de lo individual, sino que revela la magnitud de una coreografía asombrosa donde cada punto de luz cuenta una historia distinta.
Desde las alturas, la humanidad no se percibe como una masa uniforme o una mancha grisácea de existencia, sino como un océano vibrante de destellos singulares donde cada persona brilla con luz propia entre todas las demás, reclamando su espacio en el tejido de la realidad.
Esta visión desde la distancia nos permite comprender que la diversidad no es un accidente, sino la esencia misma de nuestra naturaleza, pues en esa inmensa constelación terrestre no hay dos fuegos iguales; algunos arden con la fuerza de un incendio voraz que busca transformar el entorno, otros emiten el fulgor sereno y constante de un faro en la niebla, y hay quienes centellean con la delicadeza de una chispa efímera pero inolvidable.
Al contemplar este espectáculo de identidades irrepetibles, se hace evidente que la riqueza del mundo reside precisamente en esa falta de repetición, en el matiz único de cada llama que, al unirse a las otras sin perder su propia temperatura, logra iluminar el abismo de la existencia con una complejidad que ninguna oscuridad podrá jamás sofocar.

Y ¡ya hemos pasado el miércoles! con calor, si, pero es que es verano; anoche entre la 1 y las 2 de la madrugada estábamos en Carchuna a 26º… ¡lo que se llama una «noche tropical» auténtica… el aire que echaba el ventilador, caliente, nada agradable, pero es lo que nos queda en los próximos 3 ó 4 meses por aquí… Un día de verano, de cielos azules, como puedes comprobar en mis fotos de hoy. Feliz velada de miércoles.

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