CARTAS A DULCINEA
Sábado, 6 de junio de 2026

La expresión popular «estar en el quinto pino» constituye una de las cartografías sentimentales más fascinantes de nuestra lengua, logrando transformar una medida de distancia en una sensación de aislamiento casi metafísico. Aunque su origen histórico nos remite a la disposición de cinco pinos majestuosos que antiguamente jalonaban el madrileño Paseo de la Castellana, el modismo ha sobrevivido a los árboles y al urbanismo para instalarse en el imaginario colectivo como el sinónimo universal de lo inalcanzable.
En aquel Madrid de antaño, los pinos servían como puntos de referencia para los encuentros sociales; sin embargo, el quinto, por ser el más alejado del centro urbano, se convirtió en el destino predilecto de los amantes furtivos y de aquellos que buscaban la soledad más estricta. Así, el concepto dejó de ser un lugar físico para transformarse en un estado mental: el espacio donde el ruido de la civilización se extingue y las preocupaciones cotidianas pierden su nitidez ante la magnitud de la lejanía.
Estar en el quinto pino no es simplemente encontrarse a muchos kilómetros de distancia, sino habitar ese margen del mapa donde el mundo parece haber olvidado sus preguntas. Existe en esta ubicación remota una extraña dualidad; por un lado, representa el fastidio de lo remoto y lo inaccesible, pero por otro, ofrece un santuario de libertad frente a la mirada ajena y las exigencias de la inmediatez. Es el lugar donde la escala de las cosas cambia y donde el silencio cobra un peso real.
Hoy en día, en un mundo tan conectado entre si, donde el GPS pretende eliminar cualquier rastro de misterio sobre nuestra ubicación, reivindicar el quinto pino es casi un acto de resistencia. Todos, en algún momento de saturación, hemos sentido la necesidad de desplazarnos simbólicamente hacia ese último árbol de la avenida, buscando esa frontera invisible donde el tiempo se detiene y la única compañía permitida es la propia conciencia, lejos, muy lejos, de todo lo demás.·
Decir que algo está en el quinto pino sirve para expresar que un lugar se sitúa muy lejos.
Para encontrar el origen de esta expresión hay que remontarse al Madrid de principios del siglo XVII, según el escritor Alfred López, que explica que durante el reinado de Felipe V fueron replantados cinco frondosos pinos a lo largo del paseo de Recoletos. El primer pino se encontraba en la parte más baja del paseo y el quinto en la más alejada, en las inmediaciones del actual Paseo de la Castellana, a la altura de Nuevos Ministerios.
¿Tú has oido decir alguna vez de que «algo está en el quinto pino»? pues ya sabes de que va y de donde viene esa expresión, ¡qué es bueno no acostarse sin saber un poco mas sobre algo!. Feliz velada del primer domingo de junio, con mis dos fotos que muestran como estaba la playa de Calahonda hace una media hora, en este «puente del Corpus» en Granada.


