CARTAS A DULCINEA
Lunes, 17 de agosto

Hay actitudes que, aunque parezcan pequeñas, pueden hacer mucho daño tanto a las personas como a la sociedad. Una de ellas es el egoísmo. Consiste en pensar siempre en uno mismo, en poner los propios intereses por delante de los demás y en preocuparse únicamente por lo que nos beneficia.
El egoísmo no siempre se ve de forma clara. Muchas veces aparece en cosas sencillas de cada día. Está presente cuando alguien solo piensa en lo que le conviene, cuando nunca comparte, cuando no escucha a los demás o cuando espera recibir ayuda sin estar dispuesto a ayudar. Poco a poco, esa forma de actuar va alejando a las personas.
En la familia, el egoísmo puede romper la convivencia. Un padre o una madre que nunca dedica tiempo a sus hijos, un hermano que siempre quiere salirse con la suya o una persona que solo piensa en sus propias necesidades terminan creando malestar y distancia. Lo mismo ocurre con las amistades. Nadie disfruta estando cerca de quien solo aparece cuando necesita algo y desaparece cuando los demás requieren apoyo.
También en el trabajo el egoísmo causa problemas. Hay personas que quieren quedarse con todos los méritos, aunque el esfuerzo haya sido de varios compañeros. Otras evitan colaborar porque solo les preocupa su propio beneficio. Estas actitudes generan desconfianza y hacen más difícil trabajar juntos.
Muchas veces el egoísmo se intenta justificar diciendo: “Primero tengo que pensar en mí”. Es cierto que todos debemos cuidarnos y atender nuestras necesidades, pero una cosa es cuidarse y otra muy distinta olvidarse de los demás. La vida funciona mejor cuando existe un equilibrio entre lo que necesitamos nosotros y lo que necesitan las personas que nos rodean.
Cuando el egoísmo se extiende en una sociedad, aparecen muchos problemas. La gente deja de ayudar, se vuelve indiferente ante las dificultades ajenas y cada uno mira únicamente por sí mismo. Entonces aumentan las desigualdades, crece la falta de solidaridad y muchas personas quedan abandonadas cuando más apoyo necesitan.
La mejor respuesta frente al egoísmo es la generosidad. Ser generoso no significa dar todo lo que tenemos ni olvidarnos de nosotros mismos. Significa compartir cuando podemos, ayudar cuando alguien lo necesita y ser capaces de pensar también en el bienestar de los demás. Un gesto amable, una palabra de ánimo o una pequeña ayuda pueden cambiar el día de una persona y crear un ambiente mucho más humano.
Cada día tenemos oportunidades para ser más generosos. Podemos escuchar con atención, ofrecer nuestra ayuda, compartir nuestro tiempo o simplemente mostrar comprensión hacia quienes nos rodean. Son acciones sencillas, pero tienen un enorme valor.
Al final, quien vive pensando solo en sí mismo suele acabar sintiéndose vacío y aislado. En cambio, quien aprende a compartir, a ayudar y a preocuparse por los demás descubre algo muy importante: la felicidad no se encuentra únicamente en recibir, sino también en dar. Por eso, en un mundo donde muchas veces predomina el individualismo, la generosidad sigue siendo una de las mejores cualidades que una persona puede cultivar.
Y no deberíamos olvidar jamás que la mejor respuesta frente al egoísmo es la generosidad; y que ser generoso no significa dar todo lo que tenemos ni olvidarnos de nosotros mismos, sino compartir cuando podemos, ayudar cuando alguien lo necesita y ser capaces de pensar también en el bienestar de los demás.
Feliz tarde y feliz velada de este lunes, 17 de agosto…¡que ya se nos está yendo también! en otro dia que ha sido de cielos a ratos blanquecinos y a ratos menos nublado, pero de muuucho calor, como corresponde a agosto que, según mis cuentas, correspondería al tiempo que va a hacer el próximo mes de marzo.


