CARTAS A DULCINEA
Lunes, 20 de abril de 2026
(antivalores: La impunidad)

«En una selva donde las leyes eran sagradas, el Leopardo descubrió que, gracias a su velocidad y al temor que infundía en los jueces, podía arrebatar la caza de los demás sin recibir castigo. Al principio, robó una pequeña presa a una familia de suricatas; los ancianos del bosque se quejaron, pero el tribunal, temeroso de sus garras, miró hacia otro lado. «Es el ciclo de la vida», susurraron para justificar su inacción.
Al ver que sus actos no tenían consecuencias, el Leopardo se volvió voraz y cínico. Ya no cazaba por necesidad, sino por el simple placer de demostrar que las reglas no se aplicaban a él. Saqueó los nidos de las aves y destruyó las madrigueras de los conejos. Cada vez que alguien intentaba señalar su falta, el Leopardo rugía con soberbia: «¿Quién se atreverá a tocarme?». La impunidad lo hizo sentirse invencible, y la selva, antes vibrante, se llenó de un silencio amargo; los animales dejaron de colaborar entre sí, pensando que, si el crimen no se pagaba, la honestidad no tenía sentido.
Una tarde, mientras el Leopardo perseguía a una gacela cerca de un barranco, una piedra se desprendió bajo sus patas. Quedó colgado de una rama frágil, al borde del abismo. Desesperado, vio pasar a los animales que antes había agraviado. «¡Ayúdenme!», gritó, «¡Prometo que esta vez seré justo!». Pero los animales, que habían aprendido que su palabra no valía nada porque nunca hubo ley que lo frenara, simplemente siguieron su camino. Nadie confió en él, pues la impunidad había roto el hilo de la justicia y la piedad. La rama crujió y el Leopardo cayó, solo en su caída como lo estuvo en su soberbia.
Moraleja: La impunidad ofrece una falsa sensación de poder que termina por destruir a quien la ejerce. Quien vive por encima de la ley, termina por quedar fuera de su protección; cuando la justicia no existe para el culpable, la ayuda no existe para el necesitado.
Y es que la impunidad es un fenómeno que fractura el compromiso que tenemos los unos con los otros. En el momento en que una persona rompe las normas y no enfrenta una consecuencia, se produce un efecto de «desmoralización social». La responsabilidad social se basa en la confianza de que todos jugamos con las mismas reglas; si esas reglas no se aplican al que las infringe, el ciudadano honesto empieza a sentir que su rectitud es inútil.
Desde el punto de vista de la responsabilidad real, la impunidad fomenta la repetición del error. Sin un castigo o una reparación del daño, no hay espacio para la reflexión ni para la madurez emocional. Al igual que el leopardo de la fábula, quien vive impune pierde la capacidad de conectar con el dolor ajeno, pues su propio ego le impide ver que sus acciones tienen un peso en la vida de los demás. Al final, una sociedad que permite la impunidad es una sociedad que renuncia a su futuro, porque sin justicia no hay respeto, y sin respeto la estructura social simplemente se desmorona.
¿Te suena de algo esta historia de la selva, aplicada a los seres humanos? ¿No te recuerda a nadie el Leopardo? ¡Ojalá todos los «leopardos» terminen igual que el de nuestra historia..eso es lo que merecen y eso es lo que les deseo.
Y de mis dos fotos de esta noche, la primera es de este media día enLa Perla, en una mañana perfecta de playa, en la que he visto incluso a algunos metidos en el agua: La segunda foto, en contraste con la primera es de otro veinte de abril con una mar enfurecida en Calahonda. Feliz velada de lunes.


