CARTAS A DULCINEA
Viernes, 22 de mayo de 2026

En el rico y variado conjunto de las expresiones populares, hay una que resuena con especial fuerza en el ámbito de la convivencia y las relaciones humanas: «No seas fullero». Esta frase, aparentemente sencilla, encierra una profunda sabiduría que trasciende generaciones y culturas. Ser «fullero» es actuar con astucia, engaño o falta de honestidad, y la advertencia que implica esta expresión es una llamada a mantener la integridad en nuestras acciones y palabras.
La honestidad es un valor fundamental en cualquier sociedad, y la expresión «No seas fullero» funciona como un recordatorio cotidiano de su importancia. En un mundo donde a veces parece que el éxito se mide más por los resultados que por los medios utilizados para alcanzarlos, esta frase nos invita a reflexionar sobre cómo queremos vivir y cómo deseamos ser recordados. No se trata solo de evitar engañar a los demás, sino también de no engañarnos a nosotros mismos, de ser coherentes con nuestros principios y valores.
El término «fullero» tiene sus raíces en el lenguaje coloquial y suele asociarse con comportamientos tramposos o poco éticos, especialmente en situaciones donde se busca obtener una ventaja injusta. Sin embargo, su uso va más allá de lo literal. Cuando alguien nos dice «No seas fullero», no solo nos está advirtiendo sobre un posible engaño, sino que también nos está pidiendo que seamos auténticos, que no juguemos con las expectativas o los sentimientos de los demás. Es una llamada a la transparencia y a la responsabilidad.
En el ámbito personal, esta expresión adquiere un matiz aún más profundo. Vivir con honestidad implica reconocer nuestras limitaciones, aceptar nuestros errores y aprender de ellos. Ser «fullero» con uno mismo es caer en la tentación de justificar nuestras faltas o de culpar a otros por nuestras decisiones. Por eso, «No seas fullero» es también una invitación a la autocrítica y al crecimiento personal.
En las relaciones interpersonales, la honestidad es el cimiento sobre el que se construye la confianza. Cuando alguien actúa con engaños o medias verdades, no solo daña a los demás, sino que también erosiona su propia credibilidad. «No seas fullero» nos recuerda que, aunque la verdad a veces pueda ser incómoda, siempre es preferible a la falsedad. La sinceridad, aunque duela en el momento, fortalece los lazos y construye relaciones más sólidas y duraderas.
Resumiendo, «No seas fullero» es mucho más que una frase hecha; es un principio de vida, un recordatorio de que la honestidad, aunque no siempre sea el camino más fácil, es siempre el más digno. En un mundo lleno de complejidades y tentaciones, esta expresión nos invita a elegir la autenticidad, a vivir con integridad y a construir un legado basado en la verdad y el respeto.
Y hoy ha sido un día con su toque de «especial» para los que tenemos relación con la Guardería de Calahonda, y es que, como cada mes de mayo, han celebrado el día de su patrona, «La Niña María», con una procesión de los niños y un acto en la Iglesia… y allí estaba yo y capturaba mi primera foto, siempre con el cuidado de no coger la cara de ningún niño, sino el lienzo sobre el cual se iba a desarrollar el acto. Y en la calle, mientras, un día totalmente veraniego, como muestra mi segunda foto que hacia en la playa una vez terminada la fiesta. Feliz velada de viernes.


