La Leyenda del Marqués del Duero y la Vara de la Abundancia.

CARTAS A DULCINEA
Miércoles, 2 de septiembre

¡Y hoy otra de mis cafrtas va dedicada a mis amigos «sampedreños»…¿conocías la leyenda? Un abrazo a todos con mi recuerdo.

San Pedro de Alcántara (Málaga) es una población con una historia relativamente reciente, ya que su origen moderno se remonta a la fundación de la Colonia Agrícola de San Pedro Alcántara por el General Manuel Gutiérrez de la Concha, Marqués del Duero, en 1860.
Debido a su origen como colonia planificada, sus historias y leyendas están más ligadas a la figura de su fundador y a la transformación del paisaje, más que a antiguos castillos moriscos.

Hay una leyenda popular que se generó en torno a la fundación de la Colonia y la figura del Marqués:

Antes de la llegada del General Gutiérrez de la Concha (Marqués del Duero), la zona de San Pedro, a pesar de estar cerca del mar y contar con dos ríos (Guadalmina y Guadaiza), era en gran parte una tierra pantanosa y baldía, infestada de malaria y sin cultivar, exceptuando las ruinas romanas y paleocristianas de la Vega del Mar.
El Marqués, militar y político ambicioso, tenía la visión de convertir ese «desierto» en una colonia agrícola moderna y próspera. El proyecto era gigantesco, costoso y muchos dudaban de su éxito.

La leyenda cuenta que el Marqués del Duero, al llegar por primera vez a los terrenos que había adquirido, se encontró con un ingeniero principal (encargado de la nivelación, los canales de riego y la desecación de los pantanos) que estaba escéptico.

El ingeniero, frustrado por la dificultad del terreno, le dijo al Marqués que solo un milagro podría hacer que esa tierra, enferma y encharcada, se convirtiera en campos fértiles que dieran sustento a una nueva población.
El Marqués, que fundó la colonia en honor a su madre (Petra de Alcántara) y al santo extremeño San Pedro de Alcántara, le respondió con una seguridad inquebrantable, fruto de su fe en el progreso y en su proyecto.
Tomó su vara de mando (o su bastón) y la clavó en la tierra más improductiva que encontraron, justo en el centro de lo que sería la colonia. Y dijo:
«Esta tierra se llamará San Pedro de Alcántara. Y si el trabajo del hombre es honesto y la fe es firme, la tierra nos dará lo que el agua nos niega. Donde mi vara toca el suelo, la abundancia nacerá.»

El ingeniero, incrédulo, se dedicó al trabajo. Pero la leyenda asegura que el milagro obrado por la «vara» del Marqués fue el que dio la fuerza para seguir adelante con el titánico proyecto de regadío.
El Marqués invirtió una fortuna, trajo técnicos, plantó caña de azúcar, lino y algodón, y construyó la primera línea de ferrocarril agrícola de España. La tierra, al cabo de pocos años, comenzó a florecer de una manera que asombró a toda la comarca. La colonia no solo prosperó, sino que se convirtió en un ejemplo de la agricultura moderna de la época.

La leyenda de la Vara de la Abundancia es el recordatorio de que la fundación de San Pedro de Alcántara fue vista por muchos como un acto de fe y milagro en la transformación de un paisaje inhóspito en un vergel.

Feliz velada de miércoles de septiembre…otra vez con calor de agosto…¡chorreando sudor volvía de andar esta mañana!, pero que eso por aquí es normal; por estas tierras hace calor hasta entrado el mes de noviembre, ¡aunque ya para entonces no tanto!

Y mi primera foto viene mas que calentita, acabamos de llegar de la concentración en Motril en apoyo a Ceuta y a España… contra los invasores y contra sus cómplices . ¡Viva España y Viva Ceuta! ¡Fuera el Gobierno cómplice y embustero de Sánchez. Mañana os informaré de forma mas intensa, con un video.

«Envejecer bien también depende de cómo tratamos nuestro cuerpo»

CARTAS A DULCINEA
Martes, 1 de septiembre

Hay una cosa que aprendemos tarde: el cuerpo tiene memoria. Muchísima más de la que imaginamos. Recuerda los excesos, las noches mal dormidas, los kilos que fuimos acumulando, las comidas que nunca debimos convertir en costumbre y ese famoso «por un día no pasa nada» que, curiosamente, terminó repitiéndose demasiados días.

Después de darle muchas vueltas a estos asuntos, cada vez estoy más convencido de que una parte de nuestro futuro se decide delante de una estantería del supermercado.

Y no, no estoy hablando de comprar productos carísimos con nombres imposibles que prometen convertirnos en jóvenes eternos. Hablo de cosas mucho más sencillas.

Miremos, por ejemplo, el azúcar. No hace falta demonizar un trozo de tarta ni convertir una cucharada de azúcar en un delito. El problema aparece cuando lo dulce deja de ser una excepción y se convierte en una costumbre diaria. Refrescos, bollería, galletas, cereales azucarados, postres… El azúcar añadido aparece por todas partes, muchas veces escondido donde menos lo esperamos.

Y nuestro organismo, mientras tanto, toma nota.

Cuando mantenemos durante mucho tiempo niveles elevados de glucosa pueden producirse procesos de glicación que afectan a proteínas importantes del organismo, entre ellas el colágeno. Dicho de una manera sencilla: aquello que parecía un pequeño capricho puede terminar teniendo consecuencias que no vemos inmediatamente, pero que nuestro cuerpo sí va acumulando.

Luego tenemos los ultraprocesados. Esos productos que llegan vestidos de colores, con fotografías estupendas y promesas de felicidad instantánea. Uno abre la bolsa pensando que va a comer una ración y, cuando quiere darse cuenta, ha desaparecido media bolsa. Misteriosamente, nadie sabe cómo ha ocurrido.

Aquí tampoco conviene buscar culpables fáciles. No todos los aceites vegetales son malos. El aceite de oliva, por ejemplo, es uno de los grandes protagonistas de nuestra alimentación mediterránea. El problema está en abusar de productos muy procesados, cargados de calorías, azúcares, sal y grasas poco saludables.

Y después está el alcohol. Otro viejo amigo al que hemos concedido demasiadas virtudes durante demasiado tiempo. Una copa para celebrar, otra para acompañar la comida, otra porque es viernes… y al final resulta que tenemos más celebraciones que días tiene el calendario.

La realidad es bastante menos romántica: el alcohol no es necesario para estar sano y su consumo aumenta determinados riesgos. Así que cuanto menos, mejor.

También hemos descubierto una nueva palabra que parece salida de una película de ciencia ficción: autofagia. Se habla de ella como si nuestras células tuvieran dentro un pequeño equipo de limpieza esperando a que dejemos de comer para ponerse a trabajar. La realidad es bastante más compleja. Nuestro organismo tiene mecanismos naturales de reparación y reciclaje celular, y el ayuno puede influir en algunos de ellos, pero todavía queda mucho por conocer. No necesitamos convertir el ayuno en una religión ni pensar que pasar hambre nos va a devolver veinte años.

Porque quizá estamos buscando demasiados milagros cuando tenemos delante soluciones bastante aburridas.

Comer mejor. Comer menos ultraprocesados. No abusar del azúcar. Reducir o evitar el alcohol. Caminar. Dormir. Descansar. Mantenernos activos. Y repetirlo mañana.

Sí, ya sé que todo esto tiene menos glamour que una dieta milagrosa anunciada en internet. Pero funciona mucho mejor como filosofía de vida.

No podemos detener el reloj. Ni deberíamos querer hacerlo. Cumplir años significa haber vivido. Lo verdaderamente importante es intentar que esos años vengan acompañados de salud, autonomía, recuerdos y ganas de seguir disfrutando.

Porque llegará un día en que nuestro cuerpo nos pasará la factura de todo aquello que hicimos con él.

Y entonces ya no podremos volver al supermercado para devolver lo que compramos.

Por eso, cuando empujemos el carro entre las estanterías, quizá deberíamos recordar algo muy sencillo:

No estamos llenando solamente una cesta de la compra. Estamos decidiendo, poco a poco, con qué cuerpo queremos llegar a nuestra vejez.

Y eso, amigos míos, quizá sea una de las compras más importantes de nuestra vida.

¿Y tú qué opinas? Acabamos de terminar los meses duros del verano, julio y agosto, y hoy empezamos septiembre; posiblemente nos hayamos «pasado un montón» durante las vacaciones en lo que hemos tomado… tapeos, cubatas, cervezas y refrescos, helados y dulces…., pero empieza un nuevo mes y podríamos comenzarlo con buenas intenciones, que no deben quedarse en eso, sino transformarse en hechos… ¿Por qué no lo intentamos? Yo ya he puesto mi granito de arena con esta carta de esta noche… ¿intentamos poner cada uno el nuestro en nuestra vida a diario desde ya?

Feliz velada de este nuevo mes que comienza hoy y que significa el final de lo principal del verano… Hoy septiembre ha comenzado con algunas nubes bajas, entre claros y las temperaturas en alza… la playa ya se va quedando mucho mas desierta, por lo menos en Carchuna, como se ve en mi foto de esta mañana en la zona del Camping don Cactus. Feliz velada de martes y de comienzo de mes.