El “asaúra”: esa persona que te cansa sin necesidad de gritar.

CARTAS A DULCINEA
Sábado, 29 de agosto

En muchos pueblos de Jaén y de Andalucía todavía se utiliza una palabra muy especial: “asaúra”. Cuando alguien dice “¡Qué asaúra eres!”, normalmente no está hablando de una persona mala ni peligrosa. Está hablando de alguien que, de una manera u otra, consigue cansar a los demás. Es una palabra muy nuestra, de esas que tienen gracia porque dicen mucho con muy pocas palabras.

“Ser un asaúra” puede significar ser pesado, aburrido, insistente, lento o poco agradable. Es esa persona que puede estar contigo un rato y, sin hacer nada especialmente malo, consigue que estés deseando que la conversación termine.
El asaúra no necesita gritar ni enfadarse. Tampoco tiene que discutir. Su manera de cansar es mucho más tranquila. Puede repetir una misma historia una y otra vez, hacer siempre las mismas preguntas o darle veinte vueltas a cualquier cosa.

Es el que dice:
“Espera un momento…” Y ese momento parece no terminar nunca.
O el que empieza a contar una historia y, cuando parece que por fin va a llegar al final, vuelve a empezar desde el principio.
También puede ser esa persona que siempre está protestando, que encuentra un problema en todo o que parece tener una nube encima de la cabeza. Si hace calor, se queja del calor. Si hace frío, se queja del frío. Si llueve, porque llueve. Y si hace sol, porque hace demasiado sol.

En Andalucía también se puede relacionar esta palabra con alguien que “da mucho calor”. Pero no hablamos del calor del verano. Es ese cansancio que produce una persona cuando insiste demasiado, habla demasiado o no sabe cuándo es el momento de parar.

Lo curioso es que muchas veces el asaúra no se da cuenta de que está cansando a los demás. Él está tan tranquilo. Sigue hablando, preguntando, contando cosas o dando vueltas al mismo asunto mientras los demás empiezan a mirar el reloj. Por eso la palabra tiene algo de humor. No suele utilizarse como un insulto muy fuerte. Es más bien una forma de decirle a alguien, con confianza:

“Mira que eres pesado.”
“¡Déjame ya, que eres un asaúra!”

Y probablemente todos conocemos a alguien así. Puede ser un vecino, un compañero, un familiar o incluso un amigo. Y, si somos sinceros, seguramente nosotros mismos hemos sido un poco “asaúras” alguna vez. Hay días en los que todos estamos más pesados, más protestones o tenemos menos paciencia.

Las palabras populares como esta tienen algo especial. No necesitan grandes explicaciones. Cuando un andaluz dice “¡Qué asaúra!”, los demás suelen entender perfectamente lo que quiere decir. No está diciendo que esa persona sea mala. Está diciendo que cansa, agota y termina con la paciencia de quien tiene al lado.

Y quizá esa sea la mejor enseñanza de esta palabra: aprender a darnos cuenta de cuándo estamos hablando demasiado, insistiendo demasiado o molestando sin querer. Porque todos tenemos derecho a hablar, a contar nuestras cosas y a expresar lo que pensamos, pero también debemos saber cuándo dejar respirar a los demás.

Así que, si algún día alguien te dice con una sonrisa:
“¡Qué asaúra estás hecho!” No te enfades demasiado. Puede que simplemente te esté avisando de que llevas un buen rato dando la lata.
Y recuerda: a veces, la mejor manera de dejar de ser un asaúra es muy sencilla… callarse un poquito y dejar que los demás disfruten de la tranquilidad.

Feliz último sábado de agosto.

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