CARTAS A DULCINEA
Martes, 9 de junio de 2026

El Fuerte de Carchuna fue levantado por orden de Carlos III en el siglo XVIII precisamente porque la Costa de Granada (la Costa Tropical) sufría constantes ataques de piratas berberiscos y corsarios ingleses. Los pescadores y agricultores de la zona vivían bajo el terror de los secuestros y saqueos.
La leyenda se centra en un bravo artillero o centinela del fuerte que, durante un gran asalto, fue mortalmente herido mientras defendía la costa.
Se cuenta que este centinela, en su último aliento, juró que jamás permitiría que los enemigos de la Cruz volvieran a pisar la playa de Carchuna para hacer daño a sus vecinos. Sin embargo, murió justo cuando el fuerte estaba a punto de ser tomado, sintiendo la amargura de la derrota y la preocupación por la gente que no pudo proteger.
Al morir, su espíritu quedó ligado a las piedras del fuerte y a la bahía que tanto amaba.
Desde entonces, en las noches de amenaza (ya sea por tormenta o por temor a un peligro inminente), o cuando se acerca la fecha de un antiguo ataque pirata, ocurre un fenómeno extraño:
Una niebla marina, espesa y gélida, surge rápidamente del mar, envolviendo la playa, el cabo Sacratif y, sobre todo, el Fuerte de Carchuna.
Esta niebla es, según la leyenda, la manifestación del espíritu del centinela. No es una niebla ordinaria; está impregnada de un frío intenso que se cuela por las ventanas y puertas, y va acompañada a veces de un débil olor a pólvora y salitre.
Para los vecinos de la costa, la niebla es una bendición: saben que el centinela está en su puesto, protegiendo la zona y ocultando la playa de los ojos de cualquier intruso o peligro que se acerque por mar.
Para los navegantes que buscan desembarcar con malas intenciones, la niebla es una maldición: desorienta sus naves, hace que encallen en los arrecifes y les provoca un terror inexplicable que los obliga a retirarse.
La leyenda del Centinela de Carchuna es un recordatorio de que las piedras del fuerte siguen vigilando la Costa Tropical de Granada, gracias al espíritu juramentado que encontró su descanso eterno al convertirse en la niebla del mar.
Leyenda… ¿para dejar volar nuestra imaginación y que construyamos nuestra propia historia? En este punto ya cada cual es dueño de su mente y de dejar volar su imaginación hasta donde quiera o pueda. Feliz velada de martes, hoy con mi primera foto de Motril, donde he pasado varias horas y he tomado varias fotos. La segunda es del ocaso brillante, colorido y luminoso de otro atardecer de junio.


