CARTAS A DULCINEA
Sábado, 1 de agosto de 2026

Cuando alguien pierde el hilo de una conversación o empieza a hablar de cosas que no tienen mucho que ver con el tema principal, solemos decir que se ha ido por los cerros de Úbeda. Es una expresión muy conocida en España y se utiliza para referirse a esas personas que, en lugar de responder directamente a una pregunta o seguir el asunto que se está tratando, empiezan a dar rodeos y terminan hablando de algo completamente distinto.
El origen de esta frase se encuentra en una antigua leyenda relacionada con la época de la Reconquista. Cuenta la historia que un capitán desapareció justo antes de una batalla importante y, cuando le pidieron explicaciones, dijo que se había perdido por los cerros que rodean la localidad jienense de Úbeda. Desde entonces, la expresión quedó para señalar a quienes buscan una excusa, cambian de tema o evitan responder de manera clara.
Sin embargo, irse por los cerros de Úbeda no siempre tiene un significado negativo. Muchas veces ocurre de forma natural. Una conversación puede empezar hablando del tiempo, pasar después a los recuerdos de la infancia, seguir con las fiestas del pueblo y terminar hablando de viajes o de antiguas amistades. La mente humana funciona así en muchas ocasiones, enlazando unas ideas con otras sin seguir un camino recto.
Hay personas que tienen una gran facilidad para contar historias y, mientras hablan, recuerdan anécdotas, detalles y situaciones que les llevan a apartarse del tema principal. A veces quienes les escuchan pueden impacientarse porque esperan una respuesta rápida y concreta. Sin embargo, otras veces esos rodeos hacen la conversación más entretenida, más humana y mucho más rica. Gracias a ellos aparecen recuerdos, experiencias y pequeños relatos que de otro modo nunca habrían salido a la luz.
También es verdad que algunas personas utilizan esta forma de hablar para evitar preguntas incómodas. Cuando alguien no quiere dar una respuesta clara, puede empezar a hablar de otros asuntos, añadir explicaciones innecesarias y alargar la conversación hasta que el tema inicial quede olvidado. En esos casos, la expresión encaja perfectamente, porque parece que la persona ha emprendido un largo viaje por caminos secundarios para no llegar nunca al destino.
En nuestros días vivimos rodeados de mensajes breves, respuestas rápidas y conversaciones cada vez más cortas. Por eso, detenerse a contar una historia, recordar una anécdota o dejar que la conversación tome caminos inesperados puede tener incluso cierto encanto. No todo tiene que ser inmediato ni directo. A veces los mejores momentos surgen precisamente cuando una charla se desvía y nos lleva a lugares que no esperábamos visitar.
Claro que también conviene mantener un equilibrio. Si una persona se aleja demasiado del tema, quienes la escuchan pueden acabar confundidos y preguntándose qué relación tiene todo aquello con la conversación inicial. El secreto está en saber desviarse un poco sin perder por completo el rumbo. Un pequeño rodeo puede hacer la charla más agradable, pero un rodeo interminable puede hacer que nadie recuerde de qué se estaba hablando al principio.
Lo cierto es que todos, en algún momento de nuestra vida, nos hemos ido por los cerros de Úbeda. Todos hemos empezado contando una cosa y hemos terminado hablando de otra muy distinta. Es algo natural y forma parte de nuestra manera de pensar y de comunicarnos. Quizá por eso esta expresión ha sobrevivido durante siglos, porque refleja una costumbre muy humana: dejar que la imaginación, los recuerdos y las palabras nos lleven por caminos inesperados antes de regresar, finalmente, al punto de partida.
¡Pero como yo no me quiero perder por los Cerros de Úbeda, ya sólo te deseo una feliz tarde y velada de sábado, un primero de agosto que ha vuelto a amanecernos con mucha calima y nieblas! ¡Feliz inicio del mes mas caluroso del año…AGOSTO.


