«Envejecer bien también depende de cómo tratamos nuestro cuerpo»

CARTAS A DULCINEA
Martes, 1 de septiembre

Hay una cosa que aprendemos tarde: el cuerpo tiene memoria. Muchísima más de la que imaginamos. Recuerda los excesos, las noches mal dormidas, los kilos que fuimos acumulando, las comidas que nunca debimos convertir en costumbre y ese famoso «por un día no pasa nada» que, curiosamente, terminó repitiéndose demasiados días.

Después de darle muchas vueltas a estos asuntos, cada vez estoy más convencido de que una parte de nuestro futuro se decide delante de una estantería del supermercado.

Y no, no estoy hablando de comprar productos carísimos con nombres imposibles que prometen convertirnos en jóvenes eternos. Hablo de cosas mucho más sencillas.

Miremos, por ejemplo, el azúcar. No hace falta demonizar un trozo de tarta ni convertir una cucharada de azúcar en un delito. El problema aparece cuando lo dulce deja de ser una excepción y se convierte en una costumbre diaria. Refrescos, bollería, galletas, cereales azucarados, postres… El azúcar añadido aparece por todas partes, muchas veces escondido donde menos lo esperamos.

Y nuestro organismo, mientras tanto, toma nota.

Cuando mantenemos durante mucho tiempo niveles elevados de glucosa pueden producirse procesos de glicación que afectan a proteínas importantes del organismo, entre ellas el colágeno. Dicho de una manera sencilla: aquello que parecía un pequeño capricho puede terminar teniendo consecuencias que no vemos inmediatamente, pero que nuestro cuerpo sí va acumulando.

Luego tenemos los ultraprocesados. Esos productos que llegan vestidos de colores, con fotografías estupendas y promesas de felicidad instantánea. Uno abre la bolsa pensando que va a comer una ración y, cuando quiere darse cuenta, ha desaparecido media bolsa. Misteriosamente, nadie sabe cómo ha ocurrido.

Aquí tampoco conviene buscar culpables fáciles. No todos los aceites vegetales son malos. El aceite de oliva, por ejemplo, es uno de los grandes protagonistas de nuestra alimentación mediterránea. El problema está en abusar de productos muy procesados, cargados de calorías, azúcares, sal y grasas poco saludables.

Y después está el alcohol. Otro viejo amigo al que hemos concedido demasiadas virtudes durante demasiado tiempo. Una copa para celebrar, otra para acompañar la comida, otra porque es viernes… y al final resulta que tenemos más celebraciones que días tiene el calendario.

La realidad es bastante menos romántica: el alcohol no es necesario para estar sano y su consumo aumenta determinados riesgos. Así que cuanto menos, mejor.

También hemos descubierto una nueva palabra que parece salida de una película de ciencia ficción: autofagia. Se habla de ella como si nuestras células tuvieran dentro un pequeño equipo de limpieza esperando a que dejemos de comer para ponerse a trabajar. La realidad es bastante más compleja. Nuestro organismo tiene mecanismos naturales de reparación y reciclaje celular, y el ayuno puede influir en algunos de ellos, pero todavía queda mucho por conocer. No necesitamos convertir el ayuno en una religión ni pensar que pasar hambre nos va a devolver veinte años.

Porque quizá estamos buscando demasiados milagros cuando tenemos delante soluciones bastante aburridas.

Comer mejor. Comer menos ultraprocesados. No abusar del azúcar. Reducir o evitar el alcohol. Caminar. Dormir. Descansar. Mantenernos activos. Y repetirlo mañana.

Sí, ya sé que todo esto tiene menos glamour que una dieta milagrosa anunciada en internet. Pero funciona mucho mejor como filosofía de vida.

No podemos detener el reloj. Ni deberíamos querer hacerlo. Cumplir años significa haber vivido. Lo verdaderamente importante es intentar que esos años vengan acompañados de salud, autonomía, recuerdos y ganas de seguir disfrutando.

Porque llegará un día en que nuestro cuerpo nos pasará la factura de todo aquello que hicimos con él.

Y entonces ya no podremos volver al supermercado para devolver lo que compramos.

Por eso, cuando empujemos el carro entre las estanterías, quizá deberíamos recordar algo muy sencillo:

No estamos llenando solamente una cesta de la compra. Estamos decidiendo, poco a poco, con qué cuerpo queremos llegar a nuestra vejez.

Y eso, amigos míos, quizá sea una de las compras más importantes de nuestra vida.

¿Y tú qué opinas? Acabamos de terminar los meses duros del verano, julio y agosto, y hoy empezamos septiembre; posiblemente nos hayamos «pasado un montón» durante las vacaciones en lo que hemos tomado… tapeos, cubatas, cervezas y refrescos, helados y dulces…., pero empieza un nuevo mes y podríamos comenzarlo con buenas intenciones, que no deben quedarse en eso, sino transformarse en hechos… ¿Por qué no lo intentamos? Yo ya he puesto mi granito de arena con esta carta de esta noche… ¿intentamos poner cada uno el nuestro en nuestra vida a diario desde ya?

Feliz velada de este nuevo mes que comienza hoy y que significa el final de lo principal del verano… Hoy septiembre ha comenzado con algunas nubes bajas, entre claros y las temperaturas en alza… la playa ya se va quedando mucho mas desierta, por lo menos en Carchuna, como se ve en mi foto de esta mañana en la zona del Camping don Cactus. Feliz velada de martes y de comienzo de mes.

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