Desde la transición medieval y la fractura del poder islámico…hasta la conquista por Pedro de Estopiñán.

CARTAS A DULCINEA
Jueves, 24 de septiembre
MELILLA… o el despertar de mi espíritu militar
(Las raíces y las ramas de mi vida, parte uno)

La llegada del islam en el siglo VIII transformó radicalmente la geopolítica regional. Melilla se vio envuelta en las luchas dinásticas que caracterizaron la expansión del Califato de Damasco y la posterior fragmentación en el Magreb. En el año 931, la ciudad pasó a depender del Califato de Córdoba bajo el mandato de Abderramán III, quien, reconociendo su valor estratégico frente a las ambiciones de los fatimíes, ordenó una ambiciosa remodelación urbana. Durante este periodo cordobés, se reconstruyeron las murallas defensivas y se erigió una alcazaba interior, mejorando notablemente la seguridad y la infraestructura pública. Melilla contaba en esta época con figuras intelectuales de relieve, como el cadí malikí Abu Yáfar Áhmad Ibn Al-Fath Al-Malili, nombrado por el propio califa.

La caída del califato dio paso a la creación de la Taifa de Melilla (1030-1079), un periodo en el que la ciudad recuperó su independencia y el control sobre el comercio regional y el Cabo de Tres Forcas. Sin embargo, esta autonomía fue efímera ante la presión de los grandes imperios norteafricanos. En 1073, los almorávides liderados por Yúsuf ibn Tašufín conquistaron la plaza, seguidos más tarde por los almohades y finalmente por los benimerines hacia 1272. La inestabilidad política y las constantes guerras entre las ciudades de Fez y Tremecén terminaron por provocar el abandono parcial de la ciudad a finales del siglo XV, dejándola en un estado de ruina que facilitaría el siguiente gran cambio de soberanía.

Pedro de Estopiñán y Melilla.
El punto de inflexión tuvo lugar en 1497, con la expedición de Pedro de Estopiñán. La incorporación definitiva de Melilla a la Corona de Castilla se produjo en un contexto de euforia tras la toma de Granada y la necesidad de asegurar la costa andaluza frente a la piratería berberisca y las incursiones de los piratas turcos y argelinos. El 17 de septiembre de 1497, una armada bajo el mando de Pedro de Estopiñán y Virués, contador del Duque de Medina Sidonia, desembarcó en la ciudad por mandato de los Reyes Católicos. La elección de Estopiñán no fue casual; su perfil técnico y administrativo era idóneo para una misión que requería no solo la ocupación militar, sino la reconstrucción inmediata de una plaza que se encontró prácticamente desierta.

La expedición partió de Sanlúcar de Barrameda cargada con una guarnición inicial de 1.500 hombres y una gran logística que incluía cal, madera y otros materiales de construcción para reparar las murallas. Este acto ha sido interpretado por la doctrina jurídica como una ocupación de res nullius (que es el acto de apoderarse de una cosa que no pertenece a nadie para convertirse en su dueño). «No era de nadie» dado que la ciudad no tenía autoridad efectiva en ese momento. Tras la toma, Estopiñán organizó la defensa y el asentamiento, instalando a la gente en el interior de la fortificación medieval preexistente. Aunque Estopiñán murió pocos años después, en 1505, habiendo sido nombrado ya gobernador de Santo Domingo, su legado en Melilla sentó las bases de una presencia española ininterrumpida de más de cinco siglos.

La fisonomía de Melilla la Vieja es el resultado de siglos de innovaciones en ingeniería militar. A partir del siglo XVI, la ciudad se configuró mediante un sistema de recintos fortificados que debían resistir los constantes asedios del sultanato de Marruecos y las tribus rifeñas. Un hito fundamental en esta evolución fue la reforma acometida en 1716 por el gobernador Pedro Borrás, mariscal de campo de ingenieros, quien aplicó los principios de la escuela española de fortificación de los Países Bajos y las influencias del sistema de Vauban. Borrás transformó los antiguos medios baluartes en baluartes completos de sillería perpetua, destacando los de San Pedro y San José Alto, unidos por una cortina defensiva que cerraba el frente de tierra.

El Foso del Hornabeque se convirtió en el eje divisor de la ciudad fortificada, separando y uniendo los recintos segundo y tercero. A finales del siglo XVII, la presión aumentó con los ataques del sultán Muley Ismaíl, que devastaron fortificaciones exteriores como el Fuerte de San Lorenzo y el de Santiago, resultando en la muerte en combate del gobernador Francisco López Moreno en 1687. Estas tensiones obligaron a una mejora constante de las defensas, construyéndose la Torre de la Media Luna y el Fuerte de San Miguel para proteger la Puerta del Campo. Con el paso de los siglos y la pérdida de la función puramente militar de estas murallas, el espacio se adaptó para viviendas e infraestructuras civiles, aunque hoy se conservan como uno de los conjuntos de poliorcética moderna más importantes del mundo La Polorcética es el arte y la técnica militar de atacar y defender plazas fuertes, ciudades amuralladas o fortificaciones)

Y ya está bien de historia por este jueves, ya con Melilla incorporada a España, en el siglo XV, cuando a Marruecos aún le faltaban cuatro siglos para nacer). Y desde hoy. en cada uno de mis capítulos dedicados a la ciudad de Melilla me voy a referir a algunas de las personas o cosas que dejaron huella en mi, aunque fueron tantas que no va a haber lugar mas que para las mas destacadas; y hoy , para comenzar, no va a ser ninguna persona sino lo que sería para mi mi hogar familiar…¡y menuda gran familia! durante ,mi año de permanencia alli, y es el Cuartel que, por aquel entonces), repartía sus instalaciones entre el interior de la muralla (cuarto de armamento, cuerpo de guardia, cocina, hogar del soldado, instalaciones de los calafates y vivienda del capitán) y el exterior, con un edificio levantado ante la muralla como se puede ver en la primera foto: en la parte baja estaban los aseos y uno de los dormitorios y en la segunda planta las oficinas y el segundo dormitorio. Los aseos eran un solo gran espacio en donde estaban situados los servicios y las duchas, todo sin puertas y sin solución de continuidad. Mi segunda foto es de mi mismo asomado a uno de los balcones de la planta superior a través del cual cada mañana, al despertar, podía ver la gran silueta del Monte Gurugú, un icono de la zona y que a mi se me quedó grabado en mi mente.

Espero que haya tenido algún interés, para ti, que me estás leyendo, esta información que te dejo y que a mi me ha hecho recordar mi año de vecino de Melilla, a la que me siento vinculado y siento como mios sus problemas… en aquellos años la armonía y la convivencia totalmente pacífica eran la tónica. Feliz tarde y velada de segundo jueves «melillense». Si asi lo deseas, te espero el próximo jueves, en el que seguiré con su historia y hablando de esas personas que dejaron en mi una huella indeleble.

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