CARTAS A DULCINEA
Jueves, 22 de Octubre de 2026
MELILLA… o el despertar de mi espíritu militar
(Las raíces y las ramas de mi vida, parte cinco)

Melilla es uno de los puntos más sensibles de la frontera exterior de la UE. Su perímetro fronterizo, una valla de doce kilómetros altamente fortificada, es testigo diario de la presión migratoria de miles de personas que intentan acceder a suelo europeo huyendo de conflictos en el Sahel, persecuciones políticas o la pobreza estructural. Esta realidad ha convertido a la ciudad en un escenario de excepción donde los regímenes jurídicos habituales se ven tensados por la necesidad de control de flujos y el respeto a los derechos humanos.
Desde el ingreso de España en la UE en 1986 y la firma del acuerdo de Schengen en los años 90, la gestión de la frontera ha evolucionado hacia un modelo de externalización. Marruecos se ha convertido en un actor indispensable en este esquema de forma de gobernar, rentabilizando su posición para obtener ventajas diplomáticas y financieras de Bruselas y Madrid. La cooperación operativa es intensa, pero también volátil; sucesos como los saltos masivos a la valla en junio de 2022 demuestran la complejidad y, en ocasiones, la letalidad de este régimen fronterizo.
La situación de los menores no acompañados (MENA) representa uno de los retos humanitarios más persistentes. Muchos de estos jóvenes se encuentran en una situación de limbo jurídico, atrapados entre la imposibilidad de volver a Marruecos y la dificultad de ser trasladados a la península debido a las limitaciones legales y administrativas. Para paliar esta situación, se han instaurado decretos de solidaridad territorial que han permitido la reubicación de grupos de menores en otras comunidades autónomas, aliviando la carga de los centros de acogida de la ciudad. El impacto social de la migración no se limita al control policial; afecta a la escolarización, donde Melilla presenta cifras de saturación en las aulas y una ratio de alumnos por clase superior a la media nacional.
Frente a la imagen de enclave fortificado, Melilla se proyecta al mundo como la «Cuna de las Cuatro Culturas», un espacio donde la interacción entre las comunidades cristiana, musulmana, judía e hindú es parte esencial de la vida cotidiana. Esta convivencia se refleja en la arquitectura de la ciudad, donde la Sinagoga Or Zaruah, la Mezquita Central, el Templo Hindú y las iglesias católicas conviven en un espacio urbano reducido, formando la denominada «Ruta de los Templos».
La convivencia en Melilla no es producto de la casualidad, sino de una decisión consciente de sus ciudadanos. La celebración de festividades como el Año Nuevo de la Hégira o la participación de diversas comunidades en las procesiones de Semana Santa son ejemplos de una síntesis cultural que busca la cohesión social frente a la polarización. Sin embargo, el modelo no es perfecto y existen voces que señalan problemas de discriminación hacia colectivos específicos o tensiones derivadas de la coincidencia entre la fractura social y la confesional.
La comunidad judía, aunque pequeña en número, mantiene una importancia histórica y económica fundamental, contando con uno de los pocos cementerios judíos activos en España y una red de instituciones que son seña de identidad de la ciudad desde finales del siglo XV. Por su parte, la comunidad hindú, establecida principalmente a través del comercio, aporta una dimensión adicional a este mosaico cultural, participando activamente en la vida social melillense. El reto para el futuro reside en transmitir estos valores de respeto y diálogo a las nuevas generaciones en un contexto de incertidumbre económica que puede alimentar el descontento.
Y este jueves voy a comentar algo de mi vida rutinaria en el que fue «mi hogar» en aquel final de 1973 y casi todo el 74… ¿la vida en el cuartel a diario? Pues no había grandes sorpresas de un día para otro. Al tocar diana y vestirnos, lo primero era formar, después subir al Hogar a tomar el desayuno y a continuación a formar de nuevo. Tocaba la hora de limpieza y habia que repartir el trabajo… como muy bien cantaba mi inolvidable amigo Palacin, recientemente fallecido… «pero a la hora de limpieza, al formar la Compañía, todo el mundo se comienza a escaquear; mandan 4 al casino, 15 ó 20 al varadero y otros tantos suben cajas al Hogar»… unos fregábamos en distintos sitios, y el que quería pasar desapercibido, como decía Palacin, «se escaqueaba». Yo, en mis primeros meses de Melilla, antes de ser ascendido a cabo, me dedicaba a todas esas cosas, menos cuando e cabo Aurelio me reclamaba para irme al cuarto de armamento. Ya, cuando fui nombrado cabo, y al ocupar el cargo de Cabo de Armamento, al formar la Compañía para distribuir el trabajo, directamente me iba a mi cuarto de armamento. Nunca fui al «Casino militar», en donde creo que, por obras, iban un puñado de marineros a limpiar. Al varadero si que fui, sobre todo siendo cabo, con un grupo de marineros para «regar las barcas» de la Compañía y que no se resquebrajaran por sequedad. ¡Imagínate yo en mitad de la barca, en el agua, y sin saber nadar! que por cierto intentó enseñarme mi amigo Miguel Angel Delgado en una piscina, pero jamás lo consiguió… sigo sin saber nadar.
Después de la mañana de … ¿trabajo?,.. (reconozco que para mi la «mili» después de tantos años de estudio duro, la mili significó un descanso muy apetecible); después de esos «trabajos» la comida y por la tarde de nuevo a las tareas a quienes se las encomendaban. Por cierto que tengo una anécdota al respecto que podría parecer curiosa, pero que a mi me pareció vergonzosa; yo aprovechaba el tiempo que podía para prepararme mis oposiciones a Magisterio y un día que hizo falta gen te para hacer una tarea de limpieza, llegó el sargento y había muchos en sus literas, jugando, y yo estudiando y precisamente dijo, dirigiéndose a mi: «a ver, tú que no estás haciendo nada» (estudiar era «hacer nada») pero así eran las cosas… pero había «sargentos» y SARGENTOS, como en todos sitios.
Pasada la tarde, toque de arriado de banderas y oración, cena y a las 11 aproximadamente toque de silencio y a dormir. Pero se me olvidaba otro «servicio» que era también importante, el «Servicio de Puerto», que consistía en que un cabo y dos marineros acompañaban a todos los soldados de todos los cuarteles, que se iban de permiso, que tenían que ir primero a nuestro Cuartel y desde allí nosotros, el «servicio de puerto» los acompañábamos al Puerto hasta dejarlos embarcados.
Y hasta aquí mi nuevo «jueves melillense» cargado de recuerdos y añoranza, cómo no con mis dos fotos dedicadas tambien hoy a Melilla, a esa «nueva» Melilla la Vieja, en el entorno de lo que fue la Compañía de Mar y en mi segunda foto, yo mismo y una imagen de esa mezcla de razas, culturas, creencias… en la puerta de la Compañía de Mar con mi compañero marinero y amigo inolvidable (aunque jamas volvi a saber de él), pero cuyo nombre nunca olvidé…Hachmi Mohamed Hamed… ¡un abrazo para él! y para mi querida Melilla, la «ciudad de las cuatro culturas»!.


