CARTAS A DULCINEA
Jueves, 28 de mayo de 2026
«Torrenueva, el despertar de mis inquietudes sociales»
(Las raíces y las ramas de mi vida… Torrenueva, parte octava y final)

Aprobé las oposiciones en 1977, y con ello llegó el sueño cumplido: ya era maestro de verdad, funcionario del Estado, con mi primer destino en Torrenueva, un pequeño pueblo costero que se convertiría en el escenario donde mi vocación empezó a tomar forma definitiva. Era la primera vez que sentía que todo el esfuerzo, los años de estudio y de espera, cobraban sentido. Entrar por la puerta de aquella escuela fue como abrir un nuevo capítulo de mi vida.
Desde el primer día, mis mejores amigos fueron mis alumnos. Siempre lo fueron, pero en Torrenueva lo sentí de manera especial. Aquellos chicos y chicas se convirtieron en parte esencial de mi vida diaria. Terminadas las clases, muchos se quedaban conmigo por las tardes, y las aulas seguían llenas de risas, de conversaciones, de confidencias y de sueños compartidos. No eran solo mis alumnos: eran mis compañeros de camino en aquel inicio lleno de ilusión y energía.
Enseguida encontré en el pueblo a personas que me acogieron con afecto y compañerismo. Mis compañeros de escuela —Ángel, Paco, Manoli, María Dolores— me hicieron sentir parte de un grupo unido y entusiasta. Pero sobre todo, allí conocí a Antonio Rubiño, el director del colegio, que muy pronto se convirtió en algo más que un amigo: fue casi un hermano. Él y su familia —Carmelina, Jorge y Begoña— me abrieron las puertas de su casa y de su corazón. En sus reuniones, sus charlas y su hospitalidad encontré una segunda familia, la que uno escoge en la vida por afinidad y cariño.
Mi casa de maestros era modesta, casi simbólica. Apenas la usaba más que para dormir, y ni siquiera llegué a dar de alta la luz. La verdadera vida estaba en la escuela, en las actividades con los niños, en las tardes que se alargaban entre juegos, ensayos teatrales o conversaciones espontáneas. Torrenueva fue el lugar donde florecieron mis inquietudes artísticas. Junto a Mariano, el de la Caja de Ahorros y padre de uno de mis alumnos más queridos, Víctor, organizábamos obras de teatro, recitales y todo tipo de actividades que llenaban de entusiasmo a mis alumnos. La creatividad era la mejor herramienta para enseñarles que aprender podía ser divertido, y que la escuela era algo más que un lugar para estudiar.
Recuerdo especialmente una experiencia que me marcó como educador. Propuse una actividad de diálogo entre los alumnos y la madre de una de las niñas, Begoña, con el propósito de que hablaran libremente sobre sus diferencias generacionales, sobre lo que pensaban los jóvenes y lo que pensaban los adultos. Les pedí que lo hicieran con sinceridad, pero también con respeto. Aquella cita, aunque con algún momento de tensión, fue un éxito. Nadie se sintió ofendido, todos aprendimos algo, y comprendí que educar también era eso: enseñar a escuchar, a comprender y a expresarse sin miedo.
En mis clases de Lengua y de Francés disfrutaba enormemente. Aún sonrío al recordar cómo pedía ayuda a una de mis alumnas, Virginia, que había vivido en Francia y dominaba el idioma. Ella leía los textos con soltura y su ejemplo animaba al resto. Aquella complicidad en el aula era la mejor recompensa para un maestro joven que soñaba con dejar huella.
Muchos nombres siguen resonando en mi memoria: las hermanas Antonia y Cristina Rico, Víctor, Antonio Dueñas, Antonia Funes, Virtudes, Maria José, Luis, Carmen, Loles, … Tantos rostros, tantas sonrisas, tantas pequeñas historias que forman parte de mi vida… Me gusta pensar que, de alguna manera, yo también sigo vivo en sus recuerdos, como ellos lo están en los míos.
Uno de los momentos más especiales fue el viaje de estudios a Mallorca con los mayores, acompañado por Mariano como padre. Fue una aventura inolvidable: visitamos el Pueblo Español, la majestuosa catedral, las cuevas del Drack y del Hams en Manacor.
Nos alojamos en El Arenal, donde los días pasaban entre visitas culturales, baños de mar y noches de canciones y risas. Aquel viaje fue mucho más que una excursión: fue una lección de vida compartida, una experiencia que nos unió aún más a alumnos, padre y maestro.
Cuando llegó el final del curso, sentí que algo dentro de mí se quedaba en Torrenueva. Me esperaba mi siguiente destino, Motril, un paso más en mi camino como maestro, pero despedirme no fue fácil. Cada rincón del colegio, cada calle del pueblo y cada mirada de mis alumnos me recordaba cuánto había crecido allí, cuánto había aprendido de ellos y de mí mismo.
Aquel primer destino tras aprobar las oposiciones fue más que un trabajo… fue el inicio de una manera de entender la enseñanza como un acto de amor y compromiso. Torrenueva no solo fue un lugar en el mapa, fue el punto de partida de una vida dedicada a educar, a acompañar y a aprender junto a quienes, sin saberlo, me enseñaron el verdadero sentido de ser maestro. Y a todos ellos, dedico, con todo mi cariño estas lineas del recuerdo.
Torrenueva me ha marcado para siempre…allí despertaron mis inquietudes sociales y luché con los vecinos para defender su futuro, y allí dejé un montón de amigos… los mas importantes, mis alumnos, de los que te dejo hoy un recuerdo, uno de los muchos momentos de convivencia en nuestras fiestas de fin de curso, con esa foto del grupo de 6º y 7º en nuestro improvisado escenario del Colegio; y otra con los de 8º en un inolvidable viaje de estudios a Palma de Mallorca, en el que nos alojamos en «El Arenal», en este Hotel El Mansour», en cuya puerta nos hicimos la foto, con un magnifico padre que nos acompañó…mi buen amigo Mariano, al que jamás tampoco olvidaré.
Feliz velada de este último «jueves torreño», ya el próximo estará dedicado a mi anterior pueblo en el que fui maestro, «San Pedro de Alcántara», en Málaga, y al que titulo con el nombre que mejor lo define y es que allí fue «donde nació el amor, mi verdadero amor»
Pero, si así lo deseas, mañana dejaré en Facebook otro documento sobre mi vida en Torrenueva, un video, un documento audiovisual que recoge gráficamente y con sonido un repaso a mis momentos mas destacados allí, con mi gente.


