CARTAS A DULCINEA
Sábado, 20 de junio de 2026

Cuando decimos que alguien o algo es «más viejo que Matusalén», ya no estamos pensando solo en una historia de la Biblia. En realidad, usamos ese nombre como la forma definitiva de hablar de una vida increíblemente larga, algo que todo el mundo entiende al instante. Pensar en los novecientos sesenta y nueve años que dice el texto sagrado que vivió este hombre es casi imposible para nosotros. Nos hace imaginar un tiempo tan exageradamente largo que la vida ya no se cuenta por años o décadas, sino por épocas enteras, convirtiendo a este personaje en el mejor ejemplo de lo que significa durar para siempre y ganarle la batalla al olvido.
Si alguien pudiera ser de verdad más viejo que este personaje de los tiempos del diluvio, significaría que habría visto aparecer y desaparecer países y culturas enteras. Su mente guardaría recuerdos que ni siquiera caben en los libros de texto, y su cuerpo cargaría con una edad tan enorme que iría en contra de todo lo que la ciencia y la medicina consideran posible para un ser humano.
En el día a día, usamos este nombre casi siempre a modo de broma, ya sea con cariño o para reírnos un poco de las cosas. Lo decimos para describir un mueble viejo y roto, o una historia que ya nos han contado mil veces y ha perdido la gracia, como si llevaran ahí desde el principio del mundo. Pero detrás de ese chiste, lo que de verdad hay es una gran curiosidad y admiración por la idea de romper las barreras de nuestra propia debilidad. Nos fascina pensar en conseguir el conocimiento y la tranquilidad que solo se pueden tener después de vivir cientos de años. Matusalén es como un puente fantástico entre los cuentos y el mundo real; un número de años tan alto que nos marea y nos hace ver lo corta que es nuestra propia vida, recordándonos que duramos muy poco en este universo.
Tener una vejez tan exagerada como la suya significaría haber aprendido a entender los secretos más lentos de la naturaleza, como el cambio de las montañas o el movimiento de los astros. Sería ver cómo todo a nuestro alrededor cambia y se transforma mientras nosotros seguimos exactamente igual, mirando el paso del tiempo sin que nos afecte.
Por eso, ser más viejo que Matusalén es una forma muy bonita de hablar de lo que resiste y se queda con nosotros en un mundo donde todo va demasiado rápido y se olvida enseguida. Es una manera de aplaudir a la vida que se niega a terminarse a pesar de los años. Al final, nos demuestra que hay nombres muy antiguos que, aunque vengan de libros de hace miles de años, nos siguen sirviendo hoy en día para expresar lo mucho que nos sorprende el misterio del tiempo, ese que destruye todo lo que encuentra a su paso pero que, por alguna razón, nunca ha podido borrar el recuerdo del hombre que más años vivió en la tierra.
Desde un punto de vista histórico y científico, no hay pruebas de que Matusalén fuera una persona real, y la biología nos demuestra que es totalmente imposible que un ser humano viva novecientos sesenta y nueve años, ya que el límite real de nuestro cuerpo está cerca de los ciento veinte años.
Según los relatos de la Biblia, este personaje fue el abuelo de Noé y vivió unos tres mil años antes de Cristo, justo en la época anterior al gran diluvio universal. Para explicar de dónde sale esa cifra tan exagerada de años, los expertos e historiadores tienen varias explicaciones muy lógicas…
- La primera es que pudo haber un cambio en la forma de contar el tiempo, ya que si en lugar de años el texto original se refería a meses lunares, la edad de Matusalén baja a unos setenta y dos años, una cifra muy avanzada para aquella época pero completamente natural.
- Otra explicación es que en las culturas antiguas dar una edad larguísima a los antepasados era una manera de demostrar que eran hombres muy sabios, importantes y respetados, por lo que el número no se usaba con exactitud matemática sino como un símbolo de honor.
- Además, en los pueblos vecinos de aquella época también existían leyendas de reyes que supuestamente vivían miles de años, una tradición cultural que influyó en este relato. En definitiva, Matusalén pertenece al mundo de la fe y de las leyendas antiguas, pero su figura ha quedado para siempre en nuestro lenguaje como la forma ideal de hablar de una vejez extrema y del paso del tiempo. Y ya vamos dejando atrás este sábado, primero de los escolares con vacaciones…¡y vaya si se nota ya en las playas!, como se puede ver en mi foto. Feliz velada de sábado y feliz entrada del verano astronómico, que lo hará de forma oficial en España mañana domingo 21 de junio a las 9:24 horas…y será el día mas largo del año.


