«El hijo del elefante»

CARTAS A DULCINEA
Miércoles, 22 de Julio de 2026

Esta es una de las historias más queridas de Rudyard Kipling (de sus Just So Stories o, en español ,»Los cuentos de asi fue»). Es un relato con mucho ritmo, curiosidad y, seamos sinceros, un poco de «justicia poética» para un elefante muy preguntón.

En tiempos remotos, cuando el mundo era muy joven, el elefante no tenía la trompa que conocemos hoy, sino que solo poseía una nariz abultada y negruzca del tamaño de una bota, que podía mover de un lado a otro pero con la que no podía recoger nada. En aquella época vivía un Hijo del Elefante que destacaba sobre todos los demás por tener una insaciable curiosidad que lo empujaba a hacer preguntas sobre todo lo que veía, oía, olía o tocaba.

Este pequeño elefante preguntaba a su alta tía la avestruz por qué le crecían las plumas de la cola, y la tía le daba un golpe con su dura pata. Preguntaba a su alto tío la jirafa por qué tenía la piel a manchas, y el tío le daba un puntapié con su pezuña. Preguntaba a su gorda tía el hipopótamo por qué tenía los ojos tan rojos, y ella lo golpeaba con su ancha pata. A pesar de los golpes, su curiosidad no disminuía y un día hizo la pregunta más extraña de todas: «¿Qué desayuna el Cocodrilo?».

Ante tal pregunta, todos los animales se asustaron y le ordenaron callar de inmediato, pero el elefante no se dio por vencido. Se encontró con el pájaro Kolokolo y este le indicó que, si quería saber la respuesta, debía viajar hasta las orillas del gran río Limpopo, de aguas verdes y aceitosas, rodeado de árboles de fiebre (el término «árbol de la fiebre» se refiere principalmente al árbol de la quina (Cinchona) y a la Acacia xanthophloea, aunque también se utiliza popularmente para el eucalipto). El elefante se puso en marcha cargado de plátanos, caña de azúcar y melones, y tras mucho caminar llegó finalmente a la orilla del río.

Allí se encontró con algo que parecía un tronco de madera, pero que en realidad era el mismísimo Cocodrilo. El elefante, con mucha cortesía, le preguntó si sabía qué desayunaba el Cocodrilo. El animal astuto le guiñó un ojo y le dijo que se acercara mucho más para susurrarle la respuesta al oído. Cuando el inocente elefante acercó su pequeña nariz, el Cocodrilo la atrapó con sus mandíbulas y gritó que ese día desayunaría un delicioso Hijo de Elefante.

El elefante se asustó y se sentó sobre sus cuartos traseros para tirar con todas sus fuerzas hacia atrás, mientras el Cocodrilo tiraba hacia el agua. En medio de la lucha apareció la Serpiente Pitón de Rocas, quien se enroscó en las patas del elefante para ayudarlo en el tironeo. Mientras ambos tiraban en direcciones opuestas, la nariz del pequeño elefante empezó a estirarse y a estirarse, volviéndose cada vez más larga y delgada.

Cuando el Cocodrilo finalmente soltó la presa, el elefante cayó de espaldas y vio con asombro que su nariz ahora medía casi dos metros de largo. Al principio esperó a que se encogiera, pero la Serpiente Pitón le explicó que esa nueva nariz era en realidad una gran ventaja. Gracias a ella pudo espantar moscas, recoger grandes manojos de hierba sin agacharse y darse duchas de barro fresco sobre la cabeza para aliviar el calor.

El Hijo del Elefante regresó a su hogar presumiendo de su nueva adquisición. Cuando sus parientes intentaron golpearlo de nuevo por su curiosidad, él utilizó su larga trompa para darles una lección a todos. Al ver lo útil que resultaba aquel invento, uno tras otro, todos los elefantes de la selva corrieron hacia el río Limpopo para que el Cocodrilo les estirara la nariz, y es por eso que desde aquel día todos los elefantes del mundo tienen una trompa larga y servicial.

¿Ta ha gustado este bonito cuento de Rudyard Kipling? a mi mucho, y deja en muy buen lugar a esos elefantes , pacíficos y agradecidos, a los que, la mayoria, sólo conocemos gracias a los circos.

Y mis deseos de una tarde y una velada de miércoles felices y, siempre que sea posible, a la sombra y lejos del sol abrumador de las horas centrales del dia…. y la calima no nos deja, nos sigue acompañando con ese aire caliente procedente del Sahara.

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