CARTAS A DULCINEA
Viernes, 24 de Julio de 2026

Existe una costumbre muy antigua de la que siempre han hablado los abuelos en muchos lugares y que dice que a una persona «se le salta la hiel». Esta expresión tan curiosa sirve para explicar que, si te pones a comer algo rico delante de otra persona y no le convidas ni un poquito, te puede dar un dolor de tripa muy fuerte o te vas a enfadar de repente sin saber muy bien por qué.
No se trata solo de tener buena educación con los demás, sino de un aviso muy viejo que la gente usaba para enseñar a todo el mundo a ser generosos y a no guardarse las cosas solo para uno mismo.
La palabra «hiel» hace referencia a un líquido muy amargo que todos llevamos dentro del cuerpo, cerca del estómago, y que antiguamente la gente pensaba que era la causa directa de la rabia, los enfados y el mal humor.
Según contaban en los pueblos y en las familias, cuando alguien comía de forma egoísta sin pensar en quien tenía al lado, ese líquido amargo se revolvía por completo dentro del vientre y subía para amargarle el día a quien no había querido convidar.
Por eso, cuando alguien se pillaba un enfado enorme y sin sentido, muchas personas decían que se le había saltado la hiel.
Aunque todo esto pueda sonar a cuento o a una creencia de antes, en realidad tiene bastante sentido si nos paramos a pensar en cómo nos sentimos por dentro. A casi todas las personas les da un poco de vergüenza o de culpa ponerse a comer solas mientras alguien las mira con ganas, porque en el fondo sabemos que lo bonito es compartir.
Ese malestar interior, los nervios o la pequeña culpa que sentimos al no ofrecer nada hacen que el cuerpo se ponga tenso, y por eso la comida nos sienta mal, el estómago se nos revuelve y terminamos de mal humor. Al final, lo que parecía una leyenda es solo la forma que tiene nuestro cuerpo de reaccionar cuando sabemos que no nos estamos portando del todo bien.
Hoy en día es muy normal que cada persona vaya a su propia prisa, comiendo sola mientras mira el teléfono o la televisión sin prestar mucha atención a los que están alrededor. Sin embargo, este consejo de toda la vida sigue siendo igual de útil y valioso que antes para vivir en paz y llevarse bien con la gente. Un gesto tan simple como preguntar «¿quieres un poco?» a quien está cerca ayuda a romper el hielo, saca una sonrisa y evita que se creen malos rollos entre las personas.
Por eso, la próxima vez que saques algo de comer, acuérdate de ofrecer aunque sea un trocito, porque compartir la comida siempre ayuda a que nos sintamos mejor con nosotros mismos y con los demás.
Feliz tarde y velada de viernes, de un viernes en el que los cielos siguen estando amarillentos al amanecer, y blanquecinos durante el dia debido a la calima, que parece ser que se resiste a abandonarnos.


