CARTAS A DULCINEA
Miércoles, 24 de junio de 2026
(Fiesta del Sol)

Cuando el astro rey alcanza su cenit y parece detenerse en la cúpula del firmamento, el mundo se rinde a la Fiesta del Sol, una celebración que hunde sus raíces en el asombro primario de las civilizaciones ante el ciclo cósmico. No es solo un cambio de estación o un hito astronómico, sino la renovación de un pacto milenario entre la tierra y la luz, un instante sagrado donde la oscuridad retrocede a su mínima expresión y la vida se manifiesta con una intensidad casi abrumadora. Desde las cumbres andinas hasta los monumentos megalíticos de Europa, el solsticio convoca a la humanidad para agradecer el calor que madura las mieses y la claridad que ahuyenta los temores antiguos, transformando el paisaje en un altar de luz dorada.
El aire se llena de un magnetismo especial durante estas jornadas de vigilia, donde el fuego de las hogueras terrestres busca dialogar con el fuego eterno del espacio, creando un puente de chispas y deseos que asciende hacia la noche más corta. Es el tiempo del Inti Raymi y de las noches de San Juan, ritos que, aunque distantes en la geografía, comparten la misma esencia: la purificación a través de la llama y la celebración de la abundancia que el sol garantiza con su regreso triunfal. En este festival de la luz, el tiempo parece suspenderse, permitiendo que lo místico y lo cotidiano se fundan bajo un cielo que se niega a oscurecer, invitando al cuerpo a la danza y al espíritu a la renovación de sus propósitos más luminosos.
Sentir la Fiesta del Sol es reconocer que somos hijos de una estrella, seres cuya biología y cultura laten al ritmo de sus solsticios y equinoccios, encontrando en su paso soberano la medida de nuestra propia existencia. Al celebrarlo, no solo festejamos la llegada del verano o la victoria del día sobre la noche, sino nuestra capacidad de asombro ante la arquitectura del universo que nos cobija. Es, en última instancia, una invitación a salir al encuentro de la luz, a dejar que el calor penetre en los huesos y a recordar que, tras cada ciclo de sombra, el sol siempre vuelve a reclamar su trono con la promesa de un nuevo amanecer lleno de posibilidades infinitas.
Y es que noche vivimos la noche de San Juan, una noche en la que el ritual se revive cada año…es una fiesta mágica para dar la bienvenida al verano. El ritual frente al mar es muy sencillo y está lleno de tradición.
A medianoche, la gente se reúne en la playa alrededor de grandes hogueras. El ritual principal consiste en saltar sobre el fuego varias veces para espantar las malas energías y atraer la buena suerte (eso con las grandísimas hogueras de Carchuna y Calahonda es imposible porque no hay quien pueda saltarlas tan grandes).
Justo después, es costumbre meterse en el mar para lavarse la cara o darse un baño completo. Se dice que el agua esa noche está bendecida y tiene el poder de curar, limpiar el alma y conceder deseos. También es muy común escribir en un papel las cosas malas que quieres olvidar para quemarlas en el fuego, o escribir tus deseos más grandes para lanzarlos al agua. En resumen, es una noche para quemar lo viejo, limpiarse con el mar y empezar el verano con energía renovada y mucha ilusión. … ¿Y tú que de estas cosas has hecho?…que muchos vamos sencillamente a mirar y disfrutar de la fiesta.
Feliz dia de San Juan, con mis dos fotos de hoy, la primera de anoche, en la hora mágica de las hogueras y el mar que se prolongó hasta muy altas horas y la segunda de las playas desiertas esta mañana por el trasnochar de anoche.


