CARTAS A DULCINEA
Martes, 23 de junio de 2026

El otro día una persona me hizo una pregunta muy interesante. Quería saber si era bueno comer zanahorias crudas. Yo le respondí enseguida que sí, porque conozco algunas personas que llevan muchísimos años comiendo una todos los días y confiesan que les sienta de maravilla. Son un alimento estupendo y comerlas directamente sin cocinar es una de las mejores formas de aprovechar todo lo bueno que tienen dentro.
Cuando las cocemos en el fuego, parte de sus propiedades se pierden en el agua, así que tomarlas crudas, ya sea a bocados, en ensaladas o ralladas, es una costumbre sana y perfecta para cualquier momento del día.
Estas hortalizas son una auténtica mina de salud para nuestro cuerpo porque están llenas de vitaminas y defensas. Al comerlas, le estamos dando a nuestro organismo un escudo natural que nos ayuda a estar más fuertes contra las enfermedades y a mantenernos jóvenes por fuera y por dentro. Además, son famosas con toda la razón del mundo por lo bien que le sientan a los ojos.
Tienen una sustancia que ayuda a que nuestra vista se mantenga en buena forma, permitiéndonos ver mucho mejor cuando hay poca luz y protegiendo nuestros ojos a medida que vamos cumpliendo años.
Por si fuera poco, son unas aliadas buenísimas para que todo nuestro cuerpo funcione como un reloj. Tienen mucha fibra, lo que ayuda a que las digestiones sean ligeras, a ir bien al baño y a olvidarnos del estreñimiento.
También cuidan de nuestro corazón de forma silenciosa, ya que ayudan a limpiar las arterias y a mantener a raya el colesterol malo, ese que tanto vigilan los médicos. Al final, comer zanahorias se nota incluso en el espejo, porque la piel se vuelve más fuerte, luminosa y se defiende mucho mejor del paso del tiempo y del sol.
Eso sí, siempre suelo dar un pequeño consejo para los que se animen a comerlas crudas. Como es una verdura tirando a dura, hace falta tener unos dientes y unas muelas fuertes para masticarla bien a bocados. Si la dentadura no acompaña o preferimos no forzarla, no hay ningún problema porque se pueden preparar de otra manera muy fácil. Basta con cortarlas en tiras muy finitas con un cuchillo o pasarlas por el rallador. De esa forma quedan muy tiernas, se mastican sin ningún esfuerzo y siguen estando riquísimas. Así es como me las preparo yo a diario y da gusto comerlas.
Por cierto, no quiero despedirme hoy sin recordar que esta noche celebramos la mágica noche de San Juan. Mañana, con más calma, escribiré sobre todo lo que nos deja esta celebración en mi carta del día de San Juan. Que pasen todos una feliz velada de martes y que disfruten mucho de esta noche tan especial.


