CARTAS A DULCINEA
Sábado, 31 de Octubre de 2026

Querida Dulcinea:
Estos días, cuando llega el final de octubre y se acerca el mes de noviembre, hay una pregunta que vuelve a aparecer: ¿Halloween o Todos los Santos? Parece que tuviéramos que elegir entre una fiesta y otra, como si fueran enemigas y no pudieran convivir. Y yo me pregunto: ¿de verdad es necesario enfrentarnos por algo que cada persona puede vivir a su manera?
Halloween es una fiesta que, con sus disfraces, sus calabazas, sus sustos y sus juegos, gusta especialmente a muchos niños y jóvenes. Las calles se llenan de brujas, esqueletos y personajes de miedo. Los pequeños llaman a las puertas pidiendo caramelos y los mayores encuentran una ocasión para reunirse, divertirse y pasar un rato agradable. Para muchos, no es más que una fiesta, una forma de romper la rutina y disfrutar de unos momentos de alegría.
Pero también está el Día de Todos los Santos, una fecha que tiene un significado muy especial para muchas familias. Es un día de recuerdos, de cariño y de sentimientos que a veces cuesta expresar con palabras. Recordamos a nuestros padres, a nuestros abuelos, a nuestros amigos y a tantas personas que compartieron nuestra vida y que ya no están físicamente con nosotros.
En muchos pueblos, esta fecha tiene una tradición muy arraigada. Las familias acuden al cementerio, limpian las tumbas, colocan flores y permanecen unos minutos junto a sus seres queridos. Algunos rezan; otros guardan silencio, recuerdan una anécdota o sienten, sencillamente, que una parte de su vida sigue unida a quienes se fueron. Para las personas creyentes, además, es una celebración que tiene un profundo sentido religioso y una relación especial con la esperanza de una vida después de la muerte.
Yo creo que ambas maneras de vivir estos días pueden entenderse sin necesidad de enfrentarlas. Una cosa es disfrutar de una fiesta y otra muy distinta olvidar a quienes nos precedieron. Del mismo modo, mantener nuestras tradiciones y recordar a nuestros difuntos no nos obliga a criticar a quienes prefieren celebrar Halloween.
Sin embargo, a veces parece que necesitamos convertirlo todo en una batalla. Si alguien disfruta con los disfraces, hay quien lo acusa de olvidar nuestras costumbres. Si otra persona prefiere acudir al cementerio, puede encontrarse con quien considera anticuada esa forma de vivir la fecha. Y así, algo que podría ser una ocasión para disfrutar, recordar y convivir termina convirtiéndose en motivo de discusión.
¿No sería más razonable respetarnos?
Las tradiciones forman parte de nuestra historia, pero también cambian con el paso del tiempo. Algunas permanecen durante siglos y otras llegan de lugares diferentes y encuentran su sitio entre nosotros. No todo lo nuevo es necesariamente malo, ni todo lo antiguo debe desaparecer. Lo importante es que sepamos distinguir entre aquello que nos ayuda a vivir mejor y aquello que nos enfrenta sin necesidad.
Personalmente, me parece hermoso conservar el recuerdo de quienes nos dieron la vida, nos cuidaron o compartieron con nosotros una parte del camino. Sus enseñanzas, sus palabras y hasta sus pequeñas manías siguen viviendo en nuestra memoria. Y no necesitamos esperar al uno de noviembre para recordarlos, porque el cariño verdadero no entiende de fechas.
Pero tampoco creo que debamos quitarles a los niños la ilusión de disfrazarse y divertirse, siempre que lo hagan con respeto y de una manera adecuada. La alegría de unos no tiene por qué apagar los sentimientos de otros.
Quizá la verdadera cuestión no sea decidir entre Halloween y Todos los Santos, sino aprender a convivir con lo que cada uno siente, cree y necesita. Podemos divertirnos sin olvidar, recordar sin imponer y mantener nuestras tradiciones sin despreciar las de los demás.
Porque, al final, la vida ya nos ofrece suficientes motivos para enfrentarnos. No necesitamos inventar otros.
Y si algo merece la pena conservar por encima de cualquier fiesta o tradición es nuestra capacidad de respetarnos, de comprendernos y de vivir en paz. Que cada cual celebre como quiera, recuerde como sienta y crea como le dicte su conciencia. Siempre que haya respeto, habrá espacio para todos.
Con este día, muy azul de nuevo, terminamos el mes de octubre y comenzamos ya mañana el mes de los Santos, un mes del que siempre se ha dicho en mi pueblo que «para los Santos, nieve en los cantos», pero parece que eso era antes, cuando nevaba como en mi pueblo y de lo que ya hablaré. Feliz tarde y velada de sábado, último día de octubre y víspera del día de Todos los Santos.


