«La libertad… el mejor regalo para el mañana»

CARTAS A DULCINEA
Sábado, 24 de Octubre de 2026

Querida Dulcinea:

Hay cosas que tenemos tan cerca que, a veces, no nos damos cuenta de lo importantes que son. Una de ellas es la libertad. Estamos tan acostumbrados a poder decir lo que pensamos, elegir lo que queremos hacer y decidir cómo vivir nuestra vida, que muchas veces olvidamos la suerte que tenemos.
Pero no siempre ha sido así. Basta con mirar un poco la historia para descubrir que muchas personas han tenido que luchar, e incluso dar su vida, para conseguir algo que hoy nos parece tan normal. Por eso creo que la libertad es uno de los mayores regalos que podemos recibir. Un regalo que debemos cuidar y defender cada día.

Ser libres significa poder elegir nuestro camino. Significa tener la oportunidad de pensar por nosotros mismos, expresar nuestras ideas, equivocarnos y volver a empezar. Porque nadie nace sabiendo todo lo que necesita para vivir. Aprendemos poco a poco, muchas veces gracias a nuestros errores. Y también tenemos derecho a cambiar de opinión cuando descubrimos que estábamos equivocados.
La libertad nos permite mirar hacia delante con esperanza. Nos ayuda a pensar que las cosas pueden cambiar y que mañana puede ser mejor que hoy. Cuando una persona es libre, puede soñar con una vida diferente y trabajar para conseguirla. Puede tomar sus propias decisiones y sentirse dueña de su camino.

Sin embargo, ser libre no significa hacer siempre lo que nos dé la gana. Nuestra libertad tiene un límite muy sencillo: el respeto a los demás. No podemos utilizarla para hacer daño, imponer nuestras ideas o impedir que otras personas piensen de manera diferente.
Si queremos que respeten nuestras opiniones, también debemos respetar las de los demás. Si queremos hablar con libertad, tenemos que aceptar que otros puedan decir cosas que no nos gustan. Y si defendemos nuestro derecho a elegir, debemos reconocer ese mismo derecho a quienes no piensan como nosotros.

¡Qué difícil resulta a veces entender algo tan sencillo! Nos cuesta aceptar que los demás puedan tener otras ideas, otras creencias o una forma distinta de ver la vida. Sin embargo, no necesitamos pensar todos igual para vivir juntos. Lo que necesitamos es aprender a respetarnos.
También pienso mucho en nuestros jóvenes, en nuestros hijos y en nuestros nietos. Me gustaría que crecieran en un mundo donde nadie les dijera lo que tienen que pensar, donde pudieran hacer preguntas sin miedo y donde tuvieran la oportunidad de buscar su propio camino. Un mundo en el que pudieran equivocarse sin sentirse derrotados y comenzar de nuevo sin que nadie les cerrara las puertas.
Porque el futuro necesita personas que piensen, que pregunten y que se atrevan a cambiar las cosas cuando no funcionan. Si nadie pudiera expresar sus ideas ni proponer algo diferente, seguiríamos viviendo siempre de la misma manera. Y la vida, para avanzar, necesita personas capaces de imaginar un mañana mejor.

Pero hay algo que no debemos olvidar: la libertad puede perderse si dejamos de cuidarla. A veces, poco a poco, casi sin darnos cuenta. Puede empezar cuando nos callamos ante una injusticia porque pensamos que no va con nosotros. O cuando dejamos de preocuparnos por los problemas de los demás porque creemos que los nuestros son más importantes.
Por eso no basta con disfrutar de la libertad. También tenemos que defenderla. Y debemos hacerlo pensando en quienes vienen detrás de nosotros. Nuestros hijos y nuestros nietos merecen recibir un mundo en el que puedan decidir por sí mismos, expresar lo que sienten y vivir sin miedo a ser diferentes.

Y es que la vida no siempre nos ofrece lo que deseamos. Hay enfermedades, problemas, pérdidas y momentos en los que parece que todo se nos viene encima. La libertad no puede evitar esas dificultades, pero nos permite decidir cómo queremos afrontarlas y qué queremos hacer con nuestra vida.
Por eso creo que la libertad es mucho más que un derecho. Es también una puerta abierta a la esperanza. Nos permite soñar, elegir, aprender y volver a intentarlo cuando las cosas salen mal.

Y quizá ese sea uno de los mejores regalos que podemos dejar a nuestros hijos y a nuestros nietos: un mundo donde nadie tenga que vivir obligado a pensar como los demás, donde se respete a cada persona y donde todos tengamos la oportunidad de construir nuestro propio futuro. Porque, al final, defender la libertad es defender nuestro derecho a vivir con dignidad y a elegir nuestro camino.

Y mientras podamos pensar libremente, mientras podamos expresar nuestras ideas y mientras nadie nos quite la esperanza de cambiar las cosas, siempre tendremos una razón para mirar hacia delante.
La libertad no nos asegura que el mañana será mejor, pero nos permite trabajar para conseguirlo. Y eso, querida Dulcinea, es algo que merece la pena cuidar durante toda la vida.

Y siguen los cielos azules un dia mas, aunque las temperaturas ya se han moderado mucho y da gusto vivir sin agobios y sin calores agobiantes. Feliz sábado y velada de sábado, en el tradicional dia de San Rafael, en el que envío un abrazo al cielo para mi padre, que siempre celebró su santo este dia, 24 de octubre.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *