CARTAS A DULCINEA
Domingo, 4 de Octubre de 2026

Querida Dulcinea:
Hay fechas que pasan por el calendario casi sin hacer ruido, pero que esconden un hermoso mensaje. Una de ellas llega cada 4 de octubre, cuando se celebra el Día Mundial de los Animales. Y no es casualidad que coincida con la festividad de San Francisco de Asís, un hombre que hace más de ochocientos años nos dejó una lección que sigue siendo actual: aprender a querer y respetar toda forma de vida.
Cuando pienso en San Francisco, no imagino a un sabio rodeado de libros ni a un poderoso rodeado de riquezas. Lo imagino caminando por senderos polvorientos, contemplando los campos, escuchando el canto de los pájaros y viendo en cada animal una pequeña maravilla de la creación.
Las historias que han llegado hasta nosotros cuentan que hablaba con los pájaros y que trataba a los animales con una cercanía especial. Quizá algunas de esas historias se hayan adornado con el paso de los siglos, pero todas transmiten una misma enseñanza: los animales merecen respeto, cuidado y cariño.
Muchos de nosotros hemos tenido alguna vez un animal en casa. Un perro que nos recibía moviendo la cola cuando volvíamos del trabajo. Un gato que buscaba un rincón soleado para dormir. Un canario que llenaba la casa de trinos. O quizá algún animal de granja que formó parte de nuestra infancia en los pueblos.
Y quienes han compartido su vida con un animal saben bien que no son simples compañeros silenciosos. Ellos también sienten. Se alegran cuando nos ven. Sufren cuando están enfermos. Tienen miedo, hambre, sed y necesidad de cariño. Aunque no puedan hablar con palabras, nos dicen muchas cosas con la mirada.
Por eso, tener un animal nunca debería ser un capricho pasajero. Es una responsabilidad que dura toda su vida. Significa alimentarlo, cuidarlo cuando enferma, protegerlo del frío y del calor, dedicarle tiempo y no abandonarlo cuando llegan las dificultades.
Por desgracia, cada año hay animales que son abandonados porque crecieron más de lo esperado, porque necesitan cuidados o porque dejaron de ser aquella novedad que un día ilusionó a alguien. Y eso nos recuerda que el cariño verdadero no se demuestra cuando todo es fácil, sino cuando permanecemos al lado de quien nos necesita.
Pero el amor por los animales no debe quedarse solamente en nuestras casas. También alcanza a los que viven libres en el campo, en los montes, en los ríos o en el mar. Ellos forman parte de ese maravilloso equilibrio que sostiene la vida.
A veces, sin darnos cuenta, les hacemos daño. Una bolsa de plástico abandonada, una lata tirada en el campo o la contaminación de las aguas pueden convertirse en una amenaza para muchas especies. Pequeños gestos irresponsables pueden causar grandes problemas.
San Francisco entendió algo muy sencillo: las personas no estamos solas en el mundo. Compartimos esta tierra con plantas, animales, árboles, montañas y ríos. Todos formamos parte de una misma casa común que debemos cuidar entre todos.
Quizá por eso esta celebración tenga un significado tan hermoso. Nos invita a detenernos unos minutos y mirar a nuestro alrededor con más ternura. A valorar la fidelidad de un perro, la elegancia de un caballo, el vuelo de un pájaro o la belleza de una mariposa.
Nos recuerda que la grandeza de una persona no se mide por lo que posee, sino también por la forma en que trata a los seres más indefensos. En un mundo donde a menudo vamos demasiado deprisa, los animales nos enseñan lecciones sencillas pero profundas. Nos enseñan la fidelidad, la compañía silenciosa, la alegría de las cosas pequeñas y el valor de vivir el momento presente. Tal vez por eso San Francisco sigue siendo recordado tantos siglos después. Porque comprendió que amar a los animales no era una rareza, sino una manera de amar mejor la vida.
Y quizá este 4 de octubre sea una buena ocasión para acariciar a nuestra mascota, para cuidar mejor nuestro entorno o simplemente para dar gracias por todos esos animales que, de una forma u otra, han acompañado nuestra historia. Porque cuando cuidamos de ellos, también cuidamos de lo mejor que hay dentro de nosotros.
Feliz velada de domingo, de un domingo que no parece ni otoño ni verano, que durante el día ha permanecido en este color gris uniforme que parece en mi foto.


