🌄 La Leyenda del Peñón de Picena y el Sol Escondido 🕛

CARTAS A DULCINEA
Martes, 28 de Julio de 2026

Picena, como muchos pueblos de la Alpujarra, se dedicó durante siglos a la agricultura y el trabajo duro en el campo, una faena marcada por la luz del sol. El tiempo no se medía por relojes, sino por las sombras y los hitos naturales. Justo al lado del cementerio del pueblo (según la tradición local), se levanta el Peñón de Picena, una prominente formación rocosa que domina el paisaje.

La leyenda no trata sobre encantamientos o tesoros, sino sobre la profunda sabiduría y la relación mística que los antiguos habitantes establecieron con esta roca. El Peñón no era solo un accidente geográfico; era el reloj natural que regulaba la vida de la comunidad.

La gente de Picena y sus alrededores sabía que, una vez que el sol se ocultaba tras el Peñón, la temperatura descendía bruscamente en la Alpujarra alta, y el frío podía ser intenso y peligroso.

Por ello, la leyenda popularizó una regla de vida: «El trabajo en el campo cesa cuando el sol se quita del Peñón.»

Los jornaleros y campesinos, mientras trabajaban sus parcelas, estaban constantemente atentos a la sombra proyectada por la roca. El momento en que el último rayo de sol desaparecía de la cima del Peñón era la señal definitiva y sagrada para dejar el tajo, guardar las herramientas y regresar al calor del hogar y de la chimenea.
Quien desafiaba esta regla y seguía trabajando más allá del tiempo marcado por el Peñón, no solo arriesgaba su salud (por la llegada del frío y la oscuridad), sino que corría el riesgo de sufrir el castigo de la montaña.

Algunas versiones más antiguas y místicas de la leyenda sugieren que la roca está habitada por un espíritu telúrico (relacionado con la tierra) que vigila a los trabajadores.
Si los campesinos respetaban la señal del Peñón, el espíritu les garantizaba una noche tranquila y buenas cosechas.

Si alguien era codicioso y trabajaba hasta bien entrada la noche, el espíritu del Peñón le jugaba malas pasadas: le hacía perder herramientas, le enredaba las cuerdas del arado o le provocaba pequeñas dolencias para obligarle a descansar.
El Peñón de Picena, por lo tanto, es el símbolo de la armonía entre el trabajo, el descanso y el respeto a la naturaleza en la dura y hermosa Alpujarra granadina.

Especialmente dedicada mi carta de hoy a mi querida gente de Picena, a los que envío un abrazo, muy en especial a mis amigos. Feliz velada de martes, con mis dos fotos de hoy… la primera precisamente del atardecer desde el Peñón de Picena y la segunda del atardecer, de nuevo, con calima, desde las alturas, con Motril al fondo.

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