La bruja Leopoldina(Miguel Delibes)

CARTAS A DULCINEA
Miércoles, 29 de Julio de 2026

Es un relato breve, tierno y con ese lenguaje castellano tan puro que caracterizaba a Delibes. Aquí te resumo la esencia de su historia, manteniendo ese tono rústico y entrañable:

«En un rincón del campo, donde el viento silba entre los chopos, vivía la bruja Leopoldina. Pero no te equivoques: Leopoldina no volaba en una escoba de última generación, sino en una escoba vieja de brezo que ya estaba bastante calva de tanto barrer las nubes.

Leopoldina tenía un corazón tan blando como un queso de Burgos, y eso, para ser bruja, era un problema grave. Su gran dilema era que no sabía hacer el mal. Lo intentaba, ¡vaya si lo intentaba!, pero todo le salía al revés:
Si quería preparar una poción para que a alguien le salieran granos, terminaba cocinando un jarabe que curaba el catarro.
Si intentaba maldecir una cosecha, las manzanas crecían más dulces y rojas que nunca.
La Grajilla y la Soledad
Leopoldina vivía sola, acompañada únicamente por su grajilla (un pájaro parecido al cuervo pero más pequeño y listo). La grajilla era su conciencia y, a menudo, su única interlocutora. Juntas observaban el mundo de los humanos, ese mundo que Leopoldina no terminaba de entender porque, aunque era bruja, se sentía terriblemente humana.

Un día, Leopoldina decidió que ya estaba bien de ser una «mala bruja» (es decir, una bruja que solo hacía cosas buenas). Se sentó en su piedra favorita y comprendió que la verdadera magia no estaba en los hechizos de los libros viejos, sino en el respeto por la naturaleza, en el vuelo de los pájaros y en la paz de los campos»

Delibes nos presenta a una Leopoldina que es más una ermitaña sabia que una hechicera de cuento de hadas. Al final, ella acepta su destino: ser una bruja que, en lugar de asustar a los niños, cuida que el ciclo de la vida siga su curso en el campo castellano.

¿Y qué es lo que hace especial este cuento? Pues que Miguel Delibes no buscaba crear un personaje de terror, sino reflexionar sobre la soledad y la bondad natural. Leopoldina es un reflejo de esos seres que viven al margen de la sociedad pero que son esenciales para el equilibrio del mundo. Este relato forma parte de la faceta menos conocida de Delibes: la literatura para niños, donde volcó su amor por la naturaleza y los animales.

El cuentecillo nos enseña varias cosas muy valiosas, pero quizá la más importante es que no debemos intentar ser algo que no somos. Leopoldina era una bruja, pero su naturaleza era buena. Por mucho que trataba de hacer daño, siempre terminaba ayudando a los demás. Cuando finalmente acepta cómo es, encuentra la paz y descubre cuál es su verdadero lugar en el mundo.
También nos habla de que la bondad es una fuerza más poderosa que la maldad. Leopoldina no necesita grandes hechizos ni poderes extraordinarios para hacer el bien. Su simple forma de ser mejora la vida de quienes la rodean, incluso sin proponérselo.
Otra enseñanza importante es el valor de aceptar las diferencias. A menudo pensamos que debemos encajar en lo que otros esperan de nosotros, pero Leopoldina comprende que no tiene sentido luchar contra su propia esencia. Cada persona tiene sus propias cualidades, y no hay nada malo en ser distinto.

Y, además, también invita a reflexionar sobre la soledad. Leopoldina vive apartada del mundo, acompañada solo por su grajilla. Sin embargo, esa soledad no la vuelve amarga. Al contrario, le permite observar, pensar y comprender mejor la naturaleza y la vida.

Finalmente, Delibes transmite un profundo amor por el campo y por la naturaleza. La verdadera magia de Leopoldina no está en las pócimas ni en los encantamientos, sino en saber respetar el mundo que la rodea y vivir en armonía con él. El mensaje es claro: quien cuida la naturaleza y actúa con bondad realiza una magia mucho más importante que cualquier hechizo.

Así es que, resumiendo, el cuento nos recuerda que la felicidad llega cuando aceptamos quiénes somos, hacemos el bien sin esperar recompensa y aprendemos a vivir en paz con los demás y con la naturaleza.

Feliz tarde y velada del miércoles en el que el calor sigue siendo el propio del verano….muuuucho. Yo salgo a caminar por las sombras y a los pocos minutos de empezar ya me está chorreando el sudor, pero «chorreando» literalmente. Y es que ese es un tributo que tenemos que pagar los que vivimos cerca de la playa… la humedad, que hace mucho mas intenso el calor, te lo aseguro.

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