«Pensar por uno mismo»

CARTAS A DULCINEA
Domingo, 20 de septiembre
(en el Día Mundial del Librepensamiento)

Cada 20 de septiembre se celebra el Día Mundial del Librepensamiento. Es un día dedicado a algo que parece muy sencillo, pero que tiene una enorme importancia: el derecho de cada persona a pensar por sí misma.
El librepensamiento significa no aceptar una idea solamente porque alguien nos diga que es verdad. Significa escuchar, preguntar, reflexionar y después sacar nuestras propias conclusiones. No se trata de llevar la contraria a todo ni de creer que siempre tenemos razón. Se trata, sencillamente, de tener la libertad de pensar con nuestra propia cabeza.
Esta fecha está relacionada con un hecho ocurrido en Roma en 1870, cuando las tropas de Giuseppe Garibaldi entraron en la ciudad. Aquel acontecimiento puso fin al poder político que durante siglos había tenido el papa sobre una parte de Italia y ayudó a separar la religión de la vida política.

Pero pensar libremente no significa estar en contra de la religión. Una persona puede ser creyente y, al mismo tiempo, pensar libremente. También puede no tener ninguna creencia religiosa y hacerlo. Lo importante es que cada persona pueda elegir sus ideas sin que nadie se las imponga.
Vivimos en un tiempo en el que recibimos continuamente mucha información. La televisión, los periódicos, internet y las redes sociales nos cuentan cada día miles de cosas. Algunas son ciertas y otras pueden ser falsas o estar contadas de una manera interesada.
Por eso es tan importante aprender a detenernos y preguntarnos: ¿será verdad lo que estoy escuchando? No deberíamos creer algo solamente porque lo repiten muchas personas, porque lo diga alguien famoso o porque aparezca muchas veces en internet.

Pensar por uno mismo también significa saber escuchar a quien piensa de manera diferente. No tenemos que estar de acuerdo con todo el mundo, pero sí podemos respetar a quienes tienen otras ideas. Una sociedad en la que nadie puede expresar lo que piensa termina siendo una sociedad pobre y triste.
La libertad de pensamiento necesita también libertad para hablar, preguntar, aprender y equivocarse. Nadie debería tener miedo de hacer una pregunta o de cambiar de opinión cuando descubre que estaba equivocado. Cambiar de opinión no es una debilidad. A veces es una señal de que hemos aprendido algo nuevo.
El librepensamiento nos recuerda, en definitiva, algo muy sencillo: nuestra cabeza también es nuestra. Debemos utilizarla, cuidarla y no dejar que otros piensen siempre por nosotros.

Pensar libremente no significa tener siempre la razón. Significa tener la libertad de buscarla.

Y ya sólo desearte una feliz velada de domingo, del último domingo del verano astronómico, que el meteorológico se acabó el 1 de septiembre…¡aunque no lo parezca!.

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