CARTAS A DULCINEA
Jueves, 5 de noviembre
MELILLA… o el despertar de mi espíritu militar
(Las raíces y las ramas de mi vida parte siete)

Querida Dulcinea:
Hay historias que merecen ser contadas para que el paso del tiempo no las borre de nuestra memoria. Historias de hombres que, muchas veces sin hacer ruido, dedicaron su vida a cumplir con su deber. Y una de ellas es la de la Compañía de Mar de Melilla, una unidad militar que lleva más de cinco siglos unida a la historia de esta ciudad española del norte de África.
Para conocer sus orígenes tenemos que viajar hasta el año 1497. El 17 de septiembre de aquel año, Pedro de Estopiñán llegó a Melilla al frente de una expedición en la que viajaban también cuarenta hombres de mar. Su misión era ayudar a los soldados, transportar materiales y facilitar los trabajos necesarios para mantener la presencia española en la ciudad.
Poco después, en 1498, los Reyes Católicos dieron forma oficial a aquella pequeña unidad, conocida como los Cuarenta Hombres de la Mar. Así comenzó una historia que ha atravesado siglos, generaciones y numerosos cambios, hasta llegar a la actual Compañía de Mar de Melilla, considerada la unidad más antigua documentada del Ejército de Tierra español. (Ejército de Tierra)
Pero detrás de estas fechas y estos datos hay mucho más que historia militar. Hay hombres que tuvieron que enfrentarse a las dificultades del mar, a los peligros de cada época y a las largas jornadas de trabajo. Hombres que, con sus embarcaciones, transportaban soldados, alimentos, agua y otros materiales necesarios para la vida de Melilla y de los lugares donde prestaban sus servicios.
Durante siglos, su trabajo fue fundamental para mantener la comunicación entre la ciudad, la península y los pequeños territorios españoles situados en el norte de África. También participaron en momentos importantes de nuestra historia, como el desembarco de Alhucemas, en 1925, donde su actuación fue reconocida con una recompensa militar colectiva. (Ejército de Tierra)
Con el paso del tiempo cambiaron las embarcaciones, los medios de transporte y las formas de trabajar. Sin embargo, permaneció lo esencial: la preparación, la disciplina, el compañerismo y la voluntad de cumplir con la misión encomendada.
Hoy, la Compañía de Mar continúa formando parte del Ejército de Tierra, integrada en la Unidad Logística número 24 de la Comandancia General de Melilla. Sus cometidos se han adaptado a los nuevos tiempos, pero sigue conservando el recuerdo de aquellos primeros hombres que llegaron a estas costas hace más de quinientos años. (Ejército de Tierra)
Y pienso que recordar esta historia también nos invita a reflexionar sobre algo muy sencillo. Las ciudades no se construyen solamente con grandes monumentos ni con acontecimientos que aparecen en los libros. También las construyen las personas que trabajan cada día, que cumplen con sus obligaciones y que, muchas veces sin recibir grandes reconocimientos, contribuyen al bienestar de los demás.
La Compañía de Mar es parte de la memoria de Melilla. Sus hombres han visto pasar generaciones, han compartido dificultades y han mantenido viva una tradición que forma parte de la identidad de la ciudad.
Por eso, cuando pensemos en Melilla, en su historia y en su gente, reservemos también un lugar para esta pequeña gran unidad que ha sabido permanecer junto al mar a través de los siglos.
Porque hay historias que no deben olvidarse, y esta es una de ellas.
Para mi la Compañía de Mar de Melilla fue mucho mas que un acuartelamiento… fue el hogar que dejé lejos, allá en Huelma, en mi querida provincia de Jaén; fue ese buen puñado de amigos que tambien dejé lejos, en Granada y en Huelma; fueron esas personas mayores que me respetaban y a quienes yo respetaba tambien y escuchaba sus consejos… fueron mis oficiales y suboficiales… fue el paño de lágrimas, cuando estas afloraban por la tristeza de la lejanía familiar en dias señalados, como ese 31 de diciembre en el que aparezco en una foto celebrándolo en el Hogar de la Compañía; fue ese paréntesis en mis estudios, que ya necesitaba después de tantos años estudiando… ¡ya sólo me quedaban mis oposiciones!; fue…. lo que llenó ese gran vacío que en alguna ocasión notaba en mi interior… muchas gracias allá en el cielo a mis tenientes Fernando y Arturo, a mi querido alférez Correa,… a todos los sargentos y a todos mis compañeros,… Tony, Ramón, Jose Luis, Jose Manuel, José, Antonio, Aurelio, Manolo… y tantos mas que sería imposible citar en esta carta, estén donde estén repartidos por toda España…¡Melilla nos dio esa oportunidad de conocernos y nos unió!
Mis dos fotos de hoy, dedicadas ambas a Melilla, la primera es un bonito recuerdo, en el «Hogar», con el sargento, los marineros que atendían el hogar, los de cocina y yo que era ese dia «cabo de cocina», todo integrado en el precioso marco de la muralla y la Compañía de Mar. Y la segunda foto es de un edificio al que cada día asistían cuatro marineros de mi Compañía, para ayudar en las tareas de reforma que se estaban realizando… yo nunca fui uno de ellos. Era el Casino Militar…. Como muy bien cantaba mi buen amigo en el recuerdo ya «Tony Palacin»…»mandan 4 al Casino, 15 ó 20al varadero y otros tantos suben cajas al «Hogar»….
Feliz velada de un nuevo, ya sólo me quedan dos, «jueves melillense». ¡Y después llegarán los «jueves granadinos», que serán bastantes, ya que allí pasé una buena parte de mi vida, mas de 10 años, y la dividiré en tres etapas… la de la escuela (1 año) y el Bachillerato (4 años); la de Magisterio (3 años) y la de la Universidad (5 años)… ¡mas de 10! ¿verdad? unos años que marcan el futuro de tu vida… pero ya hablaremos de ello cuando llegue.


