«La economía de Melilla»

CARTAS A DULCINEA
Jueves, 15 de Octubre de 2026
MELILLA… o el despertar de mi espíritu militar
(Las raíces y las ramas de mi vida, parte cuatro)

La economía de Melilla se sustenta en un régimen fiscal de excepción, diseñado para compensar los costes derivados de su extrapeninsularidad y su condición de frontera terrestre de la Unión Europea. La pieza central de este sistema es el Impuesto sobre la Producción, los Servicios y la Importación (IPSI), que sustituye al IVA con tipos impositivos significativamente menores, situándose habitualmente entre el 0,5% y el 10%. Esta singularidad fiscal ha sido aprovechada para intentar transformar el modelo productivo de la ciudad, históricamente dependiente del sector público y del comercio transfronterizo, hacia una economía de servicios digitales.

Melilla ofrece una de las presiones fiscales más bajas de Europa para las empresas y los ciudadanos residentes, con el objetivo de atraer inversión y talento. Entre las bonificaciones más destacadas se encuentran:
-Impuesto de Sociedades: Bonificación del 50% de la cuota íntegra para las rentas obtenidas en la ciudad por entidades que tengan domicilio fiscal o sucursales operativas en Melilla.
-IRPF: Los residentes gozan de una deducción del 60% de la suma de las cuotas íntegras estatal y autonómica, lo que supone un atractivo directo para profesionales cualificados.
-Seguridad Social: Bonificación del 50% en la cuota patronal a la Seguridad Social, medida que busca reducir los costes laborales y fomentar la contratación estable.
-Tasas sobre el Juego: Tras la Ley 6/2018, se estableció una bonificación del 50% en el impuesto sobre actividades del juego, reduciendo el tipo al 10%. Esto ha permitido que Melilla se posicione como un hub para empresas de juego online y apuestas deportivas, que además se benefician de un IPSI del 0,5% para servicios de publicidad y marketing.

Melilla tiene un sistema fiscal diferente al del resto de España, y eso supone importantes ventajas para las personas y las empresas que viven o trabajan allí. Mientras que en la península se paga el IVA, en Melilla se aplica otro impuesto llamado IPSI, que suele ser mucho más bajo. Por ejemplo, el IVA general es del 21%, mientras que el IPSI puede variar entre el 0,5% y el 10%, según el producto o servicio.
Las empresas también salen beneficiadas, ya que pueden obtener una reducción del 50% en el Impuesto de Sociedades. Además, los residentes tienen derecho a una deducción del 60% en el IRPF, algo que no existe para quienes viven en la península. Otra ventaja afecta al juego, donde el impuesto es más reducido. También las empresas reciben una ayuda importante en las cuotas de la Seguridad Social de sus trabajadores, con una bonificación del 50%.

Gracias a estas medidas, Melilla cuenta con condiciones fiscales más favorables que muchas zonas del territorio peninsular.

Desde agosto de 2018, la economía melillense atraviesa una fase crítica debido al cierre unilateral de la aduana comercial de Beni-Enzar por parte de Marruecos. Esta decisión, tomada sin negociación previa, ha supuesto la paralización total de las exportaciones españolas hacia el país vecino, afectando gravemente al tejido de pequeñas y medianas empresas. Analistas y representantes empresariales como Enrique Alcoba (CEME-CEOE) sostienen que Marruecos está utilizando una estrategia deliberada de asfixia económica para forzar el deterioro de la viabilidad de la ciudad y presionar en cuestiones de soberanía o respecto al conflicto del Sáhara Occidental.

A pesar de los acuerdos alcanzados en 2022 para una reapertura gradual de las fronteras, la realidad sobre el terreno es de parálisis. Marruecos ha impulsado su entorno fronterizo potenciando el proyecto portuario Nador West Med, que busca actuar como catalizador industrial de la región y desviar cualquier flujo comercial que anteriormente pasaba por Melilla. Esta situación ha obligado a las autoridades locales y nacionales a buscar una reinvención acelerada basada en la innovación tecnológica, el turismo de calidad y el fortalecimiento de los vínculos con el mercado único europeo, tratando de mitigar la dependencia histórica del comercio atípico.

Y este jueves me toca hablar de otros de mis grandes amigos de Melilla, de los mejores…de mi buen amigo Jose Manuel, el asturiano, de Gijón; otra de las personas que son inolvidables por su afabilidad y servicial en todo momento, por su generosidad, de hecho después de 64 años seguimos en contacto, seguimos siendo amigos y nos comunicamos con frecuencia, aparte de que nos hemos visto algunas veces, tanto en mis viaje de estudios con mis alumnos a Asturias como en una visita que el y su mujer hicieron a Almuñécar….¡excelente persona y mejor amigo! … Y también de una grandísima persona que vive no lejos de mi, en Almería, se llama Jose Luis Hidalgo y es todo bondad, humildad y afán de servicio y agrado…. todos mis adjetivos quedarían cortos para definirlo…. era, es y seguirá siendo una grandísima persona, muy grande en Humildad, lo que le hace aún mas grande. En el cuartel fue el asistente personal del alférez Correa y yo sé que cumplió con creces su misión de asistirle en todo lo que se le pidiese… demasiado bueno, he pensado siempre de él… una persona a la que siempre encontrabas antes de que la buscases…. Tambien de Antonio Sánchez, «el cabo valija», malagueño de Torremolinos…todo bondad, humildad y sencillez…¡gracias Antonio, por ser tú!; y ¡cómo no! de mi amigo madrileño Ramón Cintas, dotado de un don especial de poner la alegría allá donde estaba; él trabajó en las oficinas de la Compañía y tampoco he perdido el contacto con él, al igual que con Antonio, Jose y Jose Luis…. y de Miguel Angel Delgado, de Granada, tan grande en bondad como en altura… ¡siempre en mis recuerdos, Miguel Angel!

Mis dos fotos de hoy tenían que estar, sin mas remedio, dedicadas a Melilla y las dos entrañables para mi: la primera, referida al comercio y con esa foto en el centro de una visita mia, con mi amigo Jose Luis Hidalgo, de Almería, a una de sus tiendas, donde me compré una cámara de fotos. Y la segunda es de una noche «entre triste, por la nostalgia, y festiva, por el compañerismo» en la noche de fin de año de 1973, en el «hogar» de la Compañía de Mar y en donde aparecen junto a mi (el de mas a la izquierda), buenos e inolvidables amigos… en el fondo, con bigote, mi amigo grano Miguel Angel Delgado y a la derecha del de la guitarra mi buen amigo el asturiano Jose Manuel Fernandez; en primer plano, otro inolvidable…el madrileño Ramón Cintas. Del resto, también amigos, no recuerdo el nombre.

Feliz velada de este nuevo, y para mi entrañable, «jueves melillense» Un fuerte abrazo para todos los amigos que allí conocí…tuve la suerte de encontrar…y otro muy fuerte para MELILLA, la ciudad que no pasó para mi inadvertida sino que tuve la suerte de vivir intensamente.

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