CARTAS A DULCINEA
Viernes, 16 de Octubre de 2026
(en el día Mundial de la Alimentación)

Querida Dulcinea:
Hoy quiero hablarte de algo que, aunque parezca mentira, sigue ocurriendo todos los días: mientras en algunas casas se tira comida a la basura, en otras hay personas que se acuestan sin haber comido lo suficiente.
Y no hace falta irse muy lejos para encontrar esta triste realidad. A veces, el hambre está más cerca de nosotros de lo que imaginamos. Puede estar detrás de la puerta de un vecino, en la casa de una familia que ha perdido su trabajo o en la mirada de un anciano que cuenta las monedas antes de entrar en una tienda.
Resulta difícil de entender que, en un mundo donde se producen tantos alimentos, haya personas que no tengan un plato de comida sobre la mesa. Unas compran más de lo que necesitan y después lo tiran; otras hacen cuentas para ver cómo pueden llegar al final del mes. Unas llenan la nevera sin pensar demasiado en el precio; otras la abren con la esperanza de encontrar algo para preparar la cena.
Y es que el hambre no solo duele en el estómago. También duele por dentro. Duele cuando una madre no puede dar a sus hijos lo que necesitan. Duele cuando una persona mayor tiene que elegir entre comprar comida o pagar la luz. Y duele, sobre todo, cuando quien sufre siente que a nadie le importa su situación.
Por eso creo que debemos hablar también de la esperanza. Porque una persona necesita comer para vivir, pero necesita algo más para sentir que su vida merece la pena. Necesita saber que mañana puede ser mejor que hoy, que sus problemas tienen solución y que no está sola ante las dificultades.
Sin esperanza, la libertad se hace más pequeña. ¿De qué sirve decirle a alguien que es libre si no tiene dinero para comprar un poco de comida? ¿Qué posibilidades tiene de elegir su camino quien vive pendiente de cómo llenar el plato cada día? La verdadera libertad necesita oportunidades, dignidad y unas condiciones mínimas para vivir.
No se trata de que todos tengamos lo mismo, sino de que nadie se quede sin lo necesario. No se trata de renunciar a nuestros gustos ni de sentirnos culpables por vivir cómodamente. Se trata de aprender a mirar a nuestro alrededor y comprender que no podemos permanecer indiferentes ante el sufrimiento de los demás.
A veces, ayudar está más cerca de lo que pensamos. Podemos evitar tirar alimentos que todavía sirven, compartir lo que tenemos, colaborar con quienes ayudan a las familias necesitadas o, sencillamente, tratar con respeto a quien está pasando por un mal momento. Puede parecernos poco, pero para quien recibe esa ayuda quizá signifique mucho.
El Día Mundial de la Alimentación debería servirnos para recordar que la comida no es un lujo, sino una necesidad básica. Y que detrás de cada plato hay algo más que alimentos: hay salud, tranquilidad, dignidad y esperanza.
Ojalá llegue el día en que no tengamos que hablar del hambre porque nadie la padezca. Mientras tanto, hagamos lo que esté en nuestras manos para que haya menos comida en la basura y más pan en las mesas.
Porque una sociedad no es mejor porque unos pocos tengan mucho, sino porque nadie tenga que vivir sin lo necesario. Y recuerda que mientras unos tiran comida, otros pasan hambre; y mientras haya hambre, todavía nos quedará mucho por hacer para construir un mundo más justo y más libre.
Feliz velada de viernes, a las puertas de un nuevo fin de semana otro dia de cielos muy azules y temperaturas bien por encima de los 20º, con estas dos fotos que te traigo hoy y que espero sean significativas y agradables…. la primera es de esta mañana y de un monumento que no es habitual en nuestra tierra, un «cruceiro»; ¿sabes lo que es? te lo explico…un cruceiro es un monumento tradicional de Galicia, formado por una cruz de piedra colocada sobre una columna, que suele levantarse en caminos, plazas, cementerios o cerca de las iglesias. Su origen está relacionado con la fe cristiana y, antiguamente, se colocaban para bendecir los caminos, proteger a los viajeros y recordar a los difuntos. Son una de las imágenes más características del paisaje gallego. Este de mi foto está en la puerta de la iglesia de Carchuna y si, es un «cruceiro» por extraño que pudiese parecer.


