CARTAS A DULCINEA
Lunes, 28 de septiembre

Hay cosas que hacen daño sin levantar la voz. La indiferencia es una de ellas. No golpea, no insulta y no provoca grandes escándalos, pero puede causar mucho sufrimiento. Aparece cuando vemos un problema y decidimos ignorarlo, cuando alguien necesita ayuda y pensamos que no es asunto nuestro.
Todos hemos visto alguna vez a una persona triste, sola o pasando por un mal momento. A veces sentimos pena, pero seguimos nuestro camino sin hacer nada. Puede parecer algo sin importancia, pero cuando muchas personas actúan así, el dolor de quien sufre se hace todavía más grande.
La indiferencia suele esconderse detrás de frases como: “No me afecta”, “No puedo hacer nada” o “Que lo resuelvan otros”. Poco a poco, esa forma de pensar nos vuelve más fríos. Dejamos de mirar a los demás y empezamos a preocuparnos solo por nuestros propios problemas.
Una sociedad donde nadie se preocupa por nadie es una sociedad más pobre, aunque tenga dinero y comodidades. Cuando desaparece la solidaridad, también se debilitan la amistad, la ayuda mutua y el respeto. Las personas se sienten más solas y los problemas crecen porque nadie quiere implicarse.
Sin embargo, no hace falta hacer cosas extraordinarias para cambiar esta situación. Muchas veces basta con un gesto sencillo: escuchar a alguien que necesita hablar, acompañar a una persona que está sola, ofrecer una palabra amable o tender una mano cuando alguien atraviesa dificultades. Son pequeños actos que pueden iluminar el día de otra persona.
La empatía, es decir, la capacidad de ponerse en el lugar del otro, es uno de los valores más importantes que podemos enseñar y practicar. Nos recuerda que todos necesitamos ayuda alguna vez y que nadie debería sentirse abandonado ante el dolor.
Es verdad que implicarse puede resultar incómodo. A veces es más fácil mirar hacia otro lado. Pero cuando ayudamos, cuando escuchamos o cuando mostramos interés por los demás, también nos hacemos mejores personas. Nuestro corazón se vuelve más humano y nuestra vida adquiere un sentido más profundo.
Al final, la indiferencia parece cómoda, pero deja un gran vacío. En cambio, preocuparse por los demás da trabajo, pero llena el alma. Por eso, cada vez que elegimos mirar, escuchar y ayudar, estamos haciendo del mundo un lugar un poco mejor. Y aunque ese gesto parezca pequeño, puede significar mucho para quien lo recibe.
Y hoy han llegado las primeras nubes del otoño a nuestra Costa Tropical, unas nubes que, sin ser lluvia, han dejado algunas ligeras lloviznas, tambien las primeras , ¡pero que esto no es llover!, aunque a mi me ha ayudado a caminar porque cuando comenzaba, que no cía nada, el agobio era tremendo, un bochorno casi insoportable por la humedad que estaba al 100%, y la ausencia de viento…¡con decirte que en media hora se me mojó muchísimo mas la camiseta que en una hora lloviznando, cuando empezó a hacerlo! Reflejo de este dia de otoño es mi primera foto, tomada del Llano desde el Farillo de Calahonda. La segunda, bien diferente, es de otro 28 de septiembre en un atardecer limpio y a todo color en la Torre. Feliz velada de lunes.


