«No basta con decir “sí”

CARTAS A DULCINEA
Domingo, 27 de septiembre

Hay una gran diferencia entre las palabras y los hechos. Eso es lo que nos recuerda el Evangelio de hoy con una historia muy sencilla. Un padre pidió a sus dos hijos que fueran a trabajar a la viña. El primero respondió: “No quiero”. Sin embargo, más tarde lo pensó mejor y fue. El segundo dijo: “Sí, señor”, pero al final no hizo nada.

Jesús preguntó cuál de los dos había cumplido la voluntad de su padre. La respuesta era evidente: el primero. No porque hubiera hablado mejor, sino porque terminó haciendo lo correcto.

Este mensaje sigue siendo muy actual. A menudo encontramos personas que prometen mucho, hablan bien y parecen estar siempre dispuestas a colaborar, pero luego no cumplen. También encontramos otras que quizá reaccionan mal al principio, se equivocan o incluso toman decisiones desacertadas, pero son capaces de reconocer su error, cambiar de actitud y hacer lo que deben.

La enseñanza es sencilla y sirve tanto para creyentes como para no creyentes: lo que realmente nos define no son nuestras palabras, sino nuestros actos. Todos podemos equivocarnos. Todos podemos decir “no” alguna vez a una responsabilidad, a una ayuda que nos piden o a una decisión importante. Lo verdaderamente valioso es tener la humildad de rectificar.

Jesús pone además un ejemplo que sorprendió a quienes lo escuchaban. Les dijo que personas consideradas pecadoras habían sabido escuchar, cambiar y abrir su corazón, mientras que otros, convencidos de estar siempre en lo cierto, no fueron capaces de reconocer sus errores. Con ello nos recuerda que nadie está perdido mientras conserve la capacidad de cambiar y mejorar.

En la vida diaria esto ocurre continuamente. Hay quien habla de amistad y luego desaparece cuando hace falta. Hay quien presume de honestidad, pero actúa de otra manera. Y también hay personas que han cometido errores, pero que con sus hechos demuestran cada día que quieren ser mejores.

Quizá una de las mayores virtudes humanas sea precisamente esa: reconocer que nos hemos equivocado y corregir el rumbo. No importa tanto dónde empezamos como hacia dónde decidimos caminar.

Al final, la vida no nos pregunta solo qué dijimos o qué prometimos. Nos pregunta qué hicimos, cómo tratamos a los demás y si fuimos capaces de convertir nuestras buenas intenciones en realidades.

Porque un “no” que termina convirtiéndose en una buena acción vale mucho más que un “sí” que nunca llega a cumplirse.

Y mi primera foto de hoy es la la de luna llena de septiembre que nos acompaña desde anoche y conocida como la launa llena de la cosecha, a la que se le llama asi porque los agricultores usaban su luz brillante al atardecer para trabajar más tiempo en el campo antes de la electricidad. Feliz tarde y velada de domingo.

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